¿Hacia la ecodictadura?

4 / Mar / 2012
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Convendría confrontar ideas sobre el cambio climático.

ARMANDO PÁEZ*

El pasado 27 de enero, el presidente de la República escribió en su cuenta de Twitter: “México, como Presidente del G20, tendrá entre sus prioridades el desarrollo sustentable, crecimiento verde y combate al cambio climático”. Poco después añadió: “Los costos de no combatir el cambio climático serían mucho más altos en el futuro, que los costos de actuar ahora”. Esto ha sido repetido por Felipe Calderón en todo su sexenio.

En diciembre de 2011, buscando evitar los efectos de la catástrofe climática, la Cámara de Senadores votó a favor del dictamen de la Ley General de Cambio Climático (LGCC), el cual pasó a la Cámara de Diputados para su revisión. El problema, sin embargo, no es el laberinto legislativo, sino que esta ley carece de sustento científico. Es innecesaria e inútil.

También el 27 de enero, The Wall Street Journal (WSJ) publicó un artículo de opinión titulado “No hay necesidad de pánico sobre el calentamiento global”, firmado por dieciséis reconocidos científicos de diferentes nacionalidades. Indican que no es necesario tomar acciones drásticas sobre este fenómeno, ya que no se ha registrado un calentamiento por más de diez años, algo no previsto por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y tampoco desconocido por algunos de los científicos que lo conforman, como lo demostró el Climategate en 2009. También señalan que los modelos computacionales del IPCC han exagerado el papel del CO2 y que, de hecho, este gas no es contaminante: su mayor cantidad en la atmósfera es algo benéfico para la evolución de la vida y la producción agrícola. Apuntan que muchos científicos jóvenes que tienen serias dudas sobre el calentamiento global no las expresan por temor a perder su empleo.

La LGCC se fundamenta en los reportes del cuestionado IPCC. Cito parte del primer párrafo de sus Consideraciones: “El cambio climático es producido por la alteración de la composición de la atmósfera terrestre no sólo como consecuencia de las actividades del sector productivo y de servicios, sino por las actividades que cada persona lleva a cabo en su diario devenir”. La ley no dice nada sobre las causas naturales que provocaron, provocan y provocarán que el clima de la Tierra cambie. Para algunos científicos, la variación de la actividad solar y las nubes son la principal causa de los cambios climáticos.

Ahora bien, supongamos que es realmente urgente combatir el cambio climático. No es necesario contar ex profeso con una ley, ya que hay más de una docena de ordenamientos jurídicos que permiten atender la problemática planteada, como las Leyes de Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética; Aprovechamiento Sustentable de la Energía; Asentamientos Humanos; Desarrollo Forestal Sustentable; Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente; Población; Prevención y Gestión Integral de los Residuos; Protección Civil.

El problema no es la carencia de un marco jurídico “climático”, sino la falta de aplicación de los ordenamientos existentes. La LGCC será una súper ley que sólo generará más burocracia, más gravámenes y más corrupción. Los que se verán beneficiados serán los políticos, burócratas, empresarios, académicos y ambientalistas que aprendan a lucrar con ella. Advierten los 16 científicos publicados por el WSJ: el alarmismo climático es pretexto para obtener subsidios, fondos y donaciones y aumentar impuestos y el tamaño de las burocracias.

Ahora bien, supongamos que realmente es urgente combatir el cambio climático y que la LGCC se aplica eficaz y eficientemente, ¿servirá de algo? No. El CO2 que dejará de emitir México será puesto en la atmósfera y multiplicado por Canadá, Estados Unidos, Japón y Rusia, potencias industriales que rechazan el Protocolo Kioto –la implementación de medidas para disminuir la emisión de CO2. Más aún, las complicaciones para sostener la producción de hidrocarburos, las limitaciones de las fuentes renovables y el desencantamiento nuclear harán necesario quemar más carbón para generar electricidad.

Sin embargo, lo más grave de la LGCC es que se protege de toda acción en su contra. Invocando el principio de “Precaución” (Artículo 29, III) define: “cuando haya amenaza de daño grave o irreversible, la falta de total certidumbre científica no deberá utilizarse como razón para posponer las medidas para hacer frente al Cambio Climático”. ¿Qué razón es válida entonces para derogar la ley si tiene, supuestamente, un fundamento científico? ¿Quién define que hay amenaza de daño grave o irreversible? ¿Se está calentando el planeta por las actividades humanas? Hay muchas incertidumbres sobre el clima, como los factores que provocan que la temperatura aumente (vgr., siglos X al XIV) o descienda (vgr., siglos XIV al XIX). Preguntas que siempre han existido y hoy se subestiman, ignoran o callan.

Podemos entender que un fanático ambientalista desprecie a los que no “creen” en el cambio climático, pero no un científico: el 20 de enero pasado, en un artículo de opinión publicado en El Universal, el Dr. José Sarukhán, miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, comparó a los que cuestionan que la actividad humana es el factor central del cambio climático con los creacionistas (que niegan, con argumentos religiosos, la evolución de las especies –todo es obra de un dios creador): dudar del cambio climático es “anti científico”, carece de soporte, niega la “montaña de evidencia científica acumulada en las últimas décadas”.

Sarukhán se equivoca en su comparación y afirmación. La críti ca a la teoría del calentamiento global antropogénico no está inspirada en un libro sagrado, es consecuencia de la observación y el análisis, de otra “montaña” de datos científicos, como lo demuestra el reporte Climate Change Reconsidered (2009), preparado por el Grupo Internacional No Gubernamental sobre Cambio Climático (NIPCC). También surge de la desconfianza: el Climategate expuso lo peor de la ciencia (¿qué escribiría Thomas Kuhn?).

A pesar del incremento del CO2, la temperatura media global no ha registrado un aumento en los últimos años. ¿Cómo explicar este hecho incontrovertible (e incómodo) usando la teoría dominante del calentamiento global?

Tal vez los 16 científicos y el NIPCC están mal, pero no son fundamentalistas. De hecho, lo que buscan es debatir con los científicos que defienden el paradigma contrario. Organizar ese encuentro –confrontar abiertamente las teorías– es lo que se espera de un científico, no la descalificación, usando argumentos ideológicos, del que opina diferente.

La LGCC, la postura e influencia de Sarukhán y la campaña climática de Felipe Calderón llevan a pensar en una pregunta que formuló el sociólogo alemán Ulrich Beck en su libro La invención de lo político (1993): “Ligaduras ecológicas: ¿en el camino hacia la ecodemocracia o hacia la ecodictadura?”.

La crisis ecológica impone restricciones, las cuales, empero, no deben coartar la crítica y evolución de las ideas. Sigamos a Beck para superar exitosamente la encrucijada: “Las dudas liberan. Incluso, del dominio de los expertos que asumieron el poder”. ¿Y si el planeta se está enfriando…?


*Doctor en Urbanismo. Profesor-investigador del ICGDE-BUAP.
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