Vía: Periódico Reforma
La Secretaría de Energía realizó, la semana pasada, un foro sobre el shale gas, es decir, el gas natural obtenido de rocas sedimentarias con nuevas tecnologías de fracturamiento hidráulico (fracking). Invitó a especialistas de talla internacional a fin de empezar a generar discusión y una masa crítica en favor de la explotación del shale gas en México. En dicho foro, se expresaron puntos de vista muy diversos, pero no hubo coincidencias sobre cómo impulsar esa explotación ni se intentó dar respuesta al desafío crítico de cómo cubrir las necesidades futuras de generación eléctrica en el país.
La planeación eléctrica oficial plantea que se requiere aumentar la capacidad instalada de generación en 50 por ciento, es decir, agregar unos 37 mil megawatts (MW) de nueva capacidad, en los próximos 15 años. De ese incremento, 14 mil MW o más tendrían que ser cubiertos con gas natural, incluso si se llevara a cabo un programa de 5 ó hasta 10 grandes centrales nucleares para aportar al menos 6 mil MW y tal vez hasta 10 mil ó 12 mil MW de las necesidades restantes.
No emprender un programa nuclear significaría que el gas natural tendría que cubrir al menos 20 mil MW, tal vez mucho más, de la capacidad futura requerida. Eso, a su vez, implicaría elevar la producción de gas natural de 6 mil millones de pies cúbicos diarios a 10 mil millones o más.
En Comisión Federal de Electricidad, hay quienes opinan que un programa nuclear es aconsejable y hasta esencial, pero es una opción impopular y políticamente conflictiva. Además, habría que lanzarlo pronto, porque se requieren 8 ó 10 años para construir cada central atómica. Para el secretario de Energía, Jordy Herrera, la opción indispensable sería el desarrollo del shale gas, actividad que es incipiente fuera de Estados Unidos. El fracking puede elevar rápidamente la producción de gas, cuyo precio es muy bajo. Las plantas de ciclo combinado a gas se construyen en dos años y no hay oposición a ellas.
Producir shale gas no está en los planes de Petróleos Mexicanos. Pemex no puede, quizás ni quiere, explotar shale gas por razones de rentabilidad, presupuesto y prioridades. Se necesitaría otro marco legal, otra estructura industrial, con productores pequeños de gas, pero en el ámbito político no hay propuestas serias, específicas, en ese sentido, aunque algunos suspirantes presidenciales prometan “apertura” en Pemex. Como quiera que sea, a México le conviene y le urge aprovechar la opción barata y abundante del shale gas, aunque sea de importación. Sin embargo, importación significa dependencia, quizás incluso riesgos para la seguridad energética.
Al final del día, el shale gas no podría ser la única respuesta para cubrir un incremento tan fuerte de la capacidad de generación. Tampoco es fácil y sin riesgos la intención oficial de duplicar la infraestructura de gasoductos. La solución a fondo está en la diversificación de las fuentes de energía, el manejo de costos, precios y subsidios, así como la promoción de las energías limpias, como la eólica y la solar. Aun cuando el gas barato reduce incentivos para transitar hacia las fuentes renovables de energía, también es cierto que existen nuevas turbinas de gas que pueden alcanzar su plena carga en cuestión de minutos y, por lo tanto, podrían ser un complemento idóneo como respaldo a las energías renovables intermitentes, como la eólica y la solar.
Otra parte de la solución, quizás la más importante, será la voluntad de actuar con más decisión, en lo fiscal y en lo energético, para mitigar el crecimiento de la demanda de electricidad e impulsar la eficiencia energética. La central eléctrica más barata, limpia y segura será siempre la que no se tenga que construir. Por desgracia, hoy, hay poca voluntad.
David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: davshields@hotmail.com
Notas relacionadas
Imprimir ésta entrada
y archivado en Opiniones.
Puede seguir los comentarios a esta nota a través de RSS 2.0.
Puede dejar un comentario o un trackback a esta nota