Energía a debate, Septiembre-Octubre 2010
La industria energética de México, como el país mismo, vive tiempos complicados. Tanto Petróleos Mexicanos (Pemex) como la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se encuentran inmersos en una problemática amplia, propia, que les dificulta mantenerse como líderes –compañías de vanguardia– en la industria mundial.
Pemex encara, en primer lugar, la madurez y declinación de sus yacimientos, así como dificultades en la exploración y la incorporación de nuevas reservas. Los nuevos proyectos exploratorios se topan con problemas. En Chicontepec, Pemex se apresuró a desarrollar los yacimientos mediante un programa de perforación a gran escala, sin pasar primero por una curva de aprendizaje y pruebas con nuevas tecnologías. En aguas profundas, el accidente de BP en el yacimiento de Macondo eleva costos y obliga a revisar planes de desarrollo y de contingencia, regulaciones y medidas de seguridad. Además, la implementación del nuevo régimen de contratación resulta lenta y compleja.
Agréguele a lo anterior el desafío permanente del abasto oportuno y suficiente de petrolíferos en el país, en momentos en que la capacidad de refinación resulta insuficiente y la importación de gasolinas sigue creciendo, situación que lleva a Pemex a plantear no sólo la construcción de una nueva refinería y la ampliación y reconfiguración de las existentes, sino también la posible adquisición o renta de una refinería en el exterior.
Estos retos, de por sí enormes, se ubican en un contexto nacional de violencia y delincuencia que pone a prueba la fortaleza institucional del gobierno y el tejido social del país. Estos problemas penetran al sector energético, como se ha visto en la toma de pozos petroleros y el secuestro de altos funcionarios de Pemex, así como la ordeña de ductos y el mercado ilícito de combustibles, agravados a veces por la complicidad de empleados del propio Pemex.
A raíz del cierre de Luz y Fuerza del Centro, la CFE ha cambiado radicalmente la orientación de sus planes de desarrollo, concentrando ahora sus mayores esfuerzos en la zona central del país. Es previsible que la tarea de modernizar infraestructura y dar mejor atención a la sociedad en esa zona acaparará las energías de la CFE durante mucho tiempo, por lo que es afortunado que ya cuente con un amplio margen de reserva de generación en el resto del país. Estas labores también han enfrentado actos de delincuencia, vandalismo y desobediencia civil por parte de ex trabajadores de LFC que exigen plazas en la CFE.
Al operar en un contexto difícil y turbulento, nuestras paraestatales energéticas, como el país mismo, no son precisamente ejemplos de liderazgo para el mundo en la época actual. Por sus condiciones de monopolios gubernamentales –y no empresas– se les dificulta ser instituciones líderes. Tampoco han logrado el ritmo de construcción de obra pública que se preveía hace apenas dos o tres años. Necesitarán vientos de renovación y un nuevo impulso que quizás llegue con un cambio de sexenio que permita pensar en nuevas reformas que sean más profundas y menos complejas que las que se han legislado durante el actual gobierno.
David Shields
Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión
de temas energéticos, editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.
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