Via: Reforma, 26 de octubre de 2010.
Este año, Petróleos Mexicanos (Pemex) no ha convocado a licitaciones para construir grandes obras de infraestructura. Ha licitado algunas plataformas marinas menores y contratos de perforación. Adjudicó los últimos paquetes de plantas de gasolinas limpias concursados en años anteriores. Pero no hay nada comparable en escala a las grandes obras de refinerías y complejos petroquímicos, Proyecto Cantarell, Ku-Maloob-Zaap, servicios múltiples en Burgos, incluso Chicontepec, que se han venido concursando cada año durante las últimas dos o tres décadas.
¿Qué pasa? ¿Esto sucede por temor a controversias jurídicas en relación a los contratos integrales y de desempeño? ¿O es sintomático de una industria decaída y en decadencia? Quizás sean las dos cosas. Lo que no queda claro es qué está pasando con los enormes y crecientes presupuestos de inversión que pide la paraestatal.
Pemex se mueve con inercia, en automático, con base en proyectos licitados en años anteriores, que continúan su marcha, algunos de ellos –Minatitlán, Chicontepec– con retrasos y fracasos inéditos. Pero, ¿nuevas licitaciones de grandes obras? Nada. ¿Qué hace el gobierno federal y los altos funcionarios de Pemex al respecto? Nada. Ni siquiera se muestran preocupados, quizás porque ellos siguen cobrando, aunque no generen proyectos y trabajo para que crezcan la industria y el país.
Se escuchan versiones de que –ahora sí, quizás en diciembre– se licitarán los primeros contratos de desempeño en Pemex Exploración y Producción (PEP), pero sólo para campos maduros, ya no para Chicontepec ni para aguas profundas, por ahora. La decisión definitiva aún depende de aprobaciones de comités y consejos. Mientras tanto, los posibles interesados ya se cansan de esperar y tienen serias dudas a priori acerca de la legalidad, la eficiencia, la rentabilidad, la terminología, la normatividad y la credibilidad de los contratos de desempeño que quizás algún día se den a conocer. ¿Podrá el Pemex actual, politizado y burocratizado, brindar condiciones y confianza para que terceros acepten operar campos petroleros bajo el nuevo esquema de contratación?
Me tocó atestiguar la primera licitación de Pemex –para la compra de buquestanques– bajo ese esquema y mi testimonio se puede leer en la página de testigos sociales de la paraestatal. En ese proceso se dieron múltiples complicaciones y deficiencias, entre ellas, varias que fácilmente –muy probablemente– podrían replicarse en los primeros contratos de PEP. Me refiero a la sobrerregulación técnica y normativa, falta de apego a estándares internacionales y de mercado, falta de alineación de intereses entre Pemex Refinación y contratistas, falta de comunicación con los licitantes por el apremio de sacar la licitación. ¿PEP aprenderá de esa experiencia?
Hay que preocuparse. Pemex adolece de baja productividad. Son pocas las áreas eficientes y éstas tienen que ser el soporte de las otras áreas, de la burocracia y de las finanzas públicas. Con la mitad de los empleados que Pemex tiene, Petrobras crece y saca adelante con éxito grandes proyectos; Pemex lo hace con mucho mayor dificultad. Las cifras de producción así lo demuestran y las capas sobre capas de normatividad así lo provocan. Se pierde la mística de la gran empresa nacional y algunos funcionarios ya expresan desesperación. (Se nos secó el seso, dice el director general de Pemex Petroquímica). Y por desgracia, hay todo tipo de intereses que frenan los cambios hacia un modelo más empresarial.
Hay que preocuparse. Si por razones político-sexenales continúan la inercia, los rezagos y la falta de visión por dos o tres años más y, sobre todo, si declina la producción en los yacimientos de Ku-Maloob-Zaap dentro de un par de años, como muchos sospechamos, la situación de Pemex podría ponerse color de chapopote.
David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: davshields@hotmail.com
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