Energía a debate, Septiembre-Octubre 2010
Lo que dice (y no dice) el Programa de Obras de CFE.
Como novedad en este verano, el gobierno federal –a través de la secretaria de Energía, Georgina Kessel, y el director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Alfredo Elías Ayub– hizo saber su intención de armar un programa de construcción de hasta 10 plantas nucleares, de unos 1,200 megawatts (MW) cada una, que entrarían en operación en el transcurso de las próximas dos décadas.
Estos funcionarios se unieron así a un pequeño e influyente “núcleo” de promotores de la opción atómica que existe en el sector energético mexicano, quienes la ven no sólo como técnica y económicamente viable, sino como una solución a preocupaciones sobre el futuro crecimiento de la demanda de energía eléctrica, la seguridad energética y el cambio climático.
A primera vista, esta intención parece contradecir lo expuesto en el libro sagrado de CFE, que es el Programa de Obras e Inversiones del Sector Eléctrico (POISE), el cual, en su versión 2010-2024, ni propone ni menciona ninguna planta nuclear en sus escenarios de planeación. Pero se argumenta, al parecer, que no existe tal contradicción, porque el POISE plantea la necesidad de agregar 37,615MW de nueva capacidad en los próximos 15 años, de los cuales 14,848MW son de tecnología “libre”, o sea, aún indefinida. Se supone, pues, que casi todos estos 14,848MW podrían ser de tecnología nuclear, aunque hasta ahora hemos vivido en el supuesto de que la mayor parte de esa cuota se cubriría con gas natural y carbón.
El POISE es un documento obligado de consulta sobre ese sector, con información valiosísima,pero en su parte prospectiva se ha vuelto menos confiable que antes, porque, debido al alto margen de reserva de CFE, parece muy factible que muchos de los proyectos de obra ahí listados nunca se lleven a cabo. Desde que yo recuerdo (y leo cada año desde 1994), el POISE mantiene una casi fantasiosa proyección futura de inversiones en infraestructura, estimada actualmente en 1,193.3 miles de millones de pesos –unos 94 mil millones de dólares– para los próximos 15 años.
Este tipo de cifras pudo haber sido creíble hace una década, cuando la CFE se aprestaba a construir –y de hecho, construyó– unas 40 centrales eléctricas, sobre todo ciclos combinados, entre 2000 y 2008. Hoy, la cifra parece, más bien, especulativa, ya que no está clara que exista la necesidad de tanta infraestructura. Esto se refleja en el hecho de que la CFE ha ido difiriendo muchos de las obras ahí planteadas, de manera que la mayor parte de la nueva capacidad prevista en el POISE ahora se proyecta para más allá del año 2018, que es un horizonte muy incierto, ya que no hablamos ni siquiera del próximo sexenio, sino del siguiente.
Así, los desarrolladores de obras no pueden tener la menor certidumbre de que efectivamente se concursen muchos de esos proyectos, por ejemplo, las 7 grandes hidroeléctricas que el POISE propone se construyan y estén listas a más tardar en el 2024 o los nuevos proyectos carboeléctricos con gasificación del carbón y/o captura y secuestro de carbono que el POISE visualiza para el período 2021-24. En el mismo terreno especulativo se encuentra el nuevo programa nuclear anunciado por las autoridades federales.
Aun cuando el crecimiento de la demanda bien podría resultar inferior al del escenario medio que da sustento a la planeación del POISE –quiero pensar que los esfuerzos de eficiencia energética y de ahorro de energía seguirán mitigando ese crecimiento, como lo han hecho de una manera exitosa y pocas veces reconocida en las últimas dos décadas–, no cabe duda que la CFE tendrá que agregar nueva capacidad de generación eléctrica en los próximos años.
Aquí no hay opciones fáciles. El gas natural tiene un precio volátil y hay dudas sobre su disponibilidad –sobre todo, por un posible tope a la producción nacional– en el largo plazo. El carbón tiene impactos ambientales difíciles de mitigar y no está disponible en todo el país. Las hidroeléctricas implican daño ambiental y desplazamiento de poblaciones, mientras que las nucleoeléctricas generan desconfianza por el tema no resuelto de la disposición de los desechos; además, la gente no quiere ni las primeras, ni las segundas (ni tampoco las carboeléctricas) en su patio trasero. Las energías renovables, sobre todo la eólica y la solar, tienen un potencial limitado en términos de escala, es decir, de adición de megawatts, y la CFE no parece tener mucho interés en desarrollarlas a gran escala.
LOS BEMOLES DE LA ENERGÍA NUCLEAR
Las nucleoeléctricas tienen sus defensores y promotores, pero también sus detractores. Es realmente difícil creer que en México se pueda sacar adelante un programa nuclear como el que ahora plantean las autoridades federales, debido a la imagen que tiene como una energía peligrosa. Sin duda, comunidades y ambientalistas se opondrán a la construcción de esas centrales, al grado de que podría ser política y socialmente inviable insistir en un programa nuclear de este tipo.
Otro aspecto que no está nada claro es el de los costos de este tipo de centrales. La CFE tendría que demostrar que son competitivas frente a otras opciones de generación, considerando los elevadísimos costos de construcción. Por cierto, una versión anterior del POISE (2009-2018) señala que la opción nuclear sería más ventajosa económicamente frente al gas y al carbón para agregar nueva capacidad de generación eléctrica sólo en un escenario en el que los costos de construcción fueran bajos y los precios del gas natural y del carbón fueran altos.
El análisis de costos no resulta nada fácil por el gran número de subsidios directos e indirectos, así como otras distorsiones que existen en los mercados energéticos. Muchas veces se dice que las energías renovables, como la solar y la eólica, son económica y comercialmente inviables en ausencia de grandes subsidios, pero, en honor a la verdad, los energéticos más subsidiados hoy día, en México y el mundo, son los combustibles fósiles.
Me refiero específicamente a un artículo de Bloomberg New Energy Finance, del 29 de julio pasado, el cual asienta que los gobiernos del mundo otorgaron apoyos, en el año 2009, por entre 43 mil millones y 46 mil millones de dólares a las energías renovables a través de créditos fiscales y precios garantizados de la electricidad (vía feed-in tariffs, tarifas de alimentación a la red), cifra que se compara con los 557 mil millones de dólares (cifra del 2008) que los gobiernos gastan anualmente para subsidiar los combustibles fósiles, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
En el tema de cuál es el mejor rumbo para el sector eléctrico y energético del país, hay muchos intereses y preferencias, todos ellos respetables. En lo personal, me inclino a desear que se pueda evitar la construcción de nuevas nucleoeléctricas y que también se construya el menor número posible de carboeléctricas, hidroeléctricas y de otros tipos de centrales de generación. Me parecería sensacional que esa estratosférica inversión hipotética de 94 mil millones de dólares que realizaría la CFE en los próximos 15 años se pudiese reducir a la mitad o mucho menos.
Para ello, habría que cambiar la mentalidad de nuestros planificadores del sector eléctrico y buscar descentralizar y desregular la electricidad, promoviendo la generación por particulares a escala pequeña y mediana fuera del ámbito de CFE, sobre todo con energías renovables y cogeneración, empezando los proyectos fotovoltaicos en vivienda con compraventa de energía a la red. Esto, como complemento de las campañas de eficiencia energética y ahorro de energía. ¿No les parece?
• Director general de esta revista (energía_adebate@yahoo.com.mx)
Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión
de temas energéticos, editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.
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