Transporte y sustentabilidad


Energía a debate, Septiembre-Octubre 2010


En una era de cambios en los esquemas energéticos, la Ciudad de México también deberá cambiar para asegurar su supervivencia.

Rocío Sarmiento Torres*



En la historia de la humanidad se han tenido los mayores puntos de impulso cuando se presentan nuevos sistemas de energía y de cobertura de la comunicación, fenómenos que están manifestándose en la actualidad para llevar a lo que algunos han llamado la “tercera revolución industrial”.

Esta “tercera revolución” se refiere a una nueva forma de pensar de mayor nivel, que permite distribuir energía mucho más equitativamente, conforme se cambian las energías de élite de los siglos 19 y 20 (combustibles fósiles y uranio) a las posibilidades de las energías renovables —además, más democráticas en términos de su disponibilidad— del siglo 21. Invertir en fuentes de energías renovables innovadoras reduce las emisiones del calentamiento global y crea una fuente confiable de electricidad limpia.

El transporte al igual que la energía, es un factor indispensable de la modernización y el desarrollo. Es particularmente importante en el nuevo contexto mundial, ya que la competencia en los mercados internacionales depende de la capacidad de transportar los bienes de manera rápida y eficiente desde las instalaciones de producción a los consumidores. Es especialmente importante en las zonas urbanas para propiciar el desarrollo de las personas al facilitarles su movilidad.

La infraestructura del transporte tiene repercusiones importantes en la manera en que se desarrollan y crecen los asenta-mientos humanos, asociándose normalmente a la contaminación de la atmósfera, a la degradación del suelo y al ruido.

La congestión del tránsito y los accidentes conllevan costos humanos y económicos adicionales a los de construcción de infraestructura y operación de los sistemas de transporte, por lo que se hace necesario mejorar y hacer más segura la movilidad de la cada vez mayor población mundial, junto con la reducción de los daños ambientales.

Las inversiones en los sistemas de transporte pueden tener repercusiones positivas en el desarrollo sustentable, si en conjunto se elabora la normatividad y un plan de uso del suelo, que limiten el crecimiento urbano sin control, estableciéndose políticas de vivienda que respondan a las necesidades de movilidad de las personas.

El transporte es tan sólo una parte de la compleja estructura que conforma a una ciudad, por lo que la mejor forma de verla es como un sistema holístico, es decir, como una entidad orgánica que incluye contextos políticos, sociales, religiosos, económicos y ecológicos. De esta forma, es dinámica, adaptativa y responsable de sus condiciones de vida internas y externas.

La ciudad vista integralmente actúa mucho como un sistema humano adaptativo complejo, que concentra un hábitat para personas como una colmena lo hace para las abejas o un hormiguero lo hace para las hormigas, como un sistema natural encuentra aspectos similares, factores y retos que afectan la concentración de vida en cualquier parte, manteniendo flujos de comunicación, materia y energía para la supervivencia .

La demanda de energéticos para el sector transporte en las grandes ciudades con deficiente infraestructura para el transporte público ha llegado en la actualidad a cifras insostenibles, incluso para los países productores de petróleo, quienes se encuentran en un punto crítico por la declinación de sus yacimientos. Esto conduce a un incremento en los costos de los combustibles fósiles, haciendo que muchos expertos consideren a la era del petróleo, del gas natural y del carbón como algo excepcional que puede ser irrepetible en el futuro. Se prevé que una vez terminado el petróleo, también lo hará el sistema mundial de dispendio de energía, ambientalmente predador e insostenible.

Ante esta situación, los gobiernos se abocan a la tarea de buscar fuentes de energía que sustituyan a los combustibles fósiles, aunque sin pensar sensatamente en cambiar de forma integral las condiciones de las grandes zonas urbanas que han llevado a su derroche excesivo y al deterioro del medio ambiente, insistiendo muchas veces en tan sólo poder continuar abasteciendo la demanda general de combustibles para evitar conflictos sociales.

El tema de actualidad a nivel internacional es la manera de encontrar alternativas claves, llevando a pensar en los biocombustibles (principalmente bioetanol y biodiesel)  como una salida a la preocupación de escasez o falta de energéticos, por ser la opción más fácil, debido a que no requiere de cambios significantes en la infraestructura o en los motores de los vehículos que actualmente se mantienen en circulación.

A pesar de haberse extendido su producción a casi todo el planeta, la tendencia inicial de crecimiento de los biocombustibles se ha desacelerado, conforme son más evidentes sus desventajas. Esto sucede al grado de tenerse que recurrir a su certificación, para asegurar que son “verdes” y  no ocasionan un daño a los ecosistemas. Se prevé que los biocombustibles se mantendrán en un nivel de producción limitado, debiéndose buscar otras alternativas.

Se estima que otras fuentes de energía serán las que realmente podrán llevar a la sustitución de los combustibles fósiles, entre las que pueden tener un lugar importante las celdas de combustibles (electroquímica), la autogeneración de energía eléctrica en vehículos híbridos y la energía eléctrica generada mediante fuentes renovables como la hidráulica, geotérmica, eólica y me-diante celdas fotovoltaicas.

En la gráfica, se ilustra en forma resumida el flujo de energía de biomasa y de energía eléctrica para el transporte.

El transporte y las grandes ciudades

No se han encontrado aún las fuentes idóneas para sustituir completamente a los combustibles fósiles, por lo que se irá transitando en forma paulatina hacia ese futuro sin petróleo, conforme se avance en la investigación tecnológica y en la reestructuración de las grandes ciudades, como sería el caso de la Ciudad de México, para hacerla social, económica y ambientalmente sostenible en el largo plazo, sin detener o retroceder en el desarrollo de sus habitantes.

Es posible transmitir a la sociedad las mejores prácticas racionales, junto con ajustes en el comportamiento de la convivencia urbana, para que se tomen en cuenta reglas básicas que conduzcan a hacer selecciones sustentables.

Con cada vez mayor conocimiento, las selecciones apropiadas en la vida urbana pueden contribuir a construir ciudades más sustentables que perduren. Cuando se piensa en aumentar la sustentabilidad de los ambientes públicos urbanos, el transporte público es un componente primordial.

Las normas nuevas podrían restringir las tendencias a tener vehículos más grandes, más pesados y más potentes, pero los fabricantes —a través de decisiones de publicidad y diseño— el gobierno y los líderes civiles —a través de su capacidad para informar e influenciar al público— tienen un papel esencial que jugar.

Se estima que en un término de 12 a 15 años, las metas sobre mejoras en la economía del combustible de 30% a 50% serían un punto de comienzo razonable para negociar entre el gobierno y la industria .

Sin embargo, la oportunidad es un elemento crucial para cualquier norma nueva. Rediseñar vehículos es un proceso intensivo y muy caro que requiere grandes equipos de ingeniería. Rediseñar la mayor parte de la nueva flota vehicular requerirá cuando menos una década y los fabricantes procederán cautelosamente en la introducción de nueva tecnología.

México, país productor de petróleo

En México, como un país productor de petróleo, éste no es tan solo su fuente más importante de energía, sino su mayor fuente de ingresos, que le permite soportar el crecimiento económico, estimular inversiones, construir infraestructura moderna y establecer sistemas de educación.

Los ingresos del petróleo, pueden contribuir a un cambio hacia tecnologías de transporte de bajas emisiones contaminantes y de productos ambientalmente amigables, para el desarrollo hacia condiciones de vida sustentables y el petróleo se puede convertir en el recurso necesario para impulsar el desarrollo y la transición hacia el logro de objetivos de sustentabilidad.  Los ingresos del petróleo aún son una importante fuerza impulsora para el cambio, desarrollo y la implementación de condiciones de vida sustentables.

En México, al igual que en otras economías en transición, se reconoce la importancia de la diversificación económica, con inversión en actividades diferentes al petróleo y al gas natural y se tiene la oportunidad de dar el salto más allá del petróleo en el largo plazo, por tenerse una economía dinámica, Sin embargo, su marco político a menudo sufre restricciones en derechos humanos y por legislación deficiente, factores que a menudo limitan su potencial de ascenso para su bienestar y autonomía a largo plazo. Por lo tanto, se tiene preocupación de que México no esté preparado para utilizar sus ingresos racionalmente, con visión hacia lo que actualmente se ha acuñado como “la era más allá del petróleo”.

Se requiere de esfuerzos coordinados de planeadores urbanos, líderes, diseñadores y residentes urbanos individuales, a los que se les otorgue la facultad para participar y decidir, con el objeto de que los sistemas e individuos encuentren condiciones saludables. El paradigma económico global del presente invariablemente no toma en cuenta el futuro y premia valores miopes, ocasionando la promoción de ineficiencias de recursos fundamentales, falta de equilibrio y vulnerabilidad.

México padece los mismos síntomas que los demás países productores de petróleo y la Ciudad de México, como el centro urbano más importante del país, principalmente por concentrar la administración pública federal, es influenciada por las políticas federales tendentes a sustentar la economía del país en el petróleo y sin considerar parte de los ingresos que este recurso proporciona, para que se comience la diversificación de las fuentes de energía. Al mismo tiempo, los gobiernos locales no han puesto un límite al crecimiento de las grandes ciudades, haciendo que la demanda de energía sea cada vez mayor y que se dificulte satisfacerla cada vez más, al igual que los demás servicios que demanda su población, llegando a niveles de insustentabilidad.

Los recursos como la energía y el agua de que depende la Ciudad de México se conducen desde el exterior de su territorio, debido a su vocación como centro de la administración federal, ya que no es posible la generación de energía eléctrica a base de combustibles fósiles en su interior, por los niveles de contaminación que se alcanzan frecuentemente. En los años setentas y ochentas se procuró como estrategia sacar a las industrias más contaminantes, siendo ésta una de las razones por la que en el presente es el transporte la mayor fuente de contaminación atmosférica.

La infraestructura para el transporte no ha crecido en la misma proporción en que lo ha hecho su densidad habitacional, de servicios, comercio y de edificios necesarios para la administración pública, sin que se observe por parte de las autoridades gubernamentales (delegacionales) la existencia de una estrecha correlación entre este factor y los prevalecientes congestionamientos viales, que forman parte de la vida cotidiana, en detrimento de la calidad del aire, de la salud y bienestar de su población fija y flotante.

A causa de los altos niveles de contaminantes de la atmósfera que se comenzaron a detectar en los años setentas, se inició cierto nivel de descentralización de las actividades administrativas del Distrito Federal para hacer que disminuyera su densidad de población, pero la dificultad para resolver problemas a nivel local ha llevado a que se desvaneciera esta intención, continuando su funcionamiento como el centro administrativo hacia el cual se tiene que dirigir de cualquier estado para la realización de los trámites necesarios.

La Ciudad de México, además, es un centro de negocios y de mayor disponibilidad de trabajo, que la sigue manteniendo como un polo de atracción, aunque a diferencia de hace 30 años, su acelerada expansión y consecuente conurbación con varios municipios del Estado de México ocasionó que estos municipios  constituyan dormitorios de donde y hacia donde se desplaza la mayor parte de su población flotante, sin que se cuente con la suficiente y eficiente infraestructura suburbana para el transporte, ni de conexión de estas zonas con el interior de la ciudad para el traslado de las personas.

Recientemente, se han hecho intentos de mejorar la infraestructura y hacer más eficiente el transporte público en el Distrito Federal, pero poco se ha logrado en cuanto a ahorro de energía y de búsqueda de alternativas fuera de los combustibles fósiles, para estar a la par de otras grandes ciudades, para integrarse a esa “tercera revolución industrial”.

• Ingeniera química del Instituto Politécnico Nacional con maestría en control de contaminación ambiental de la Universidad de Leeds, Inglaterra. Es investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México ([email protected])


Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión
de temas energéticos, editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.

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