FORGE: arquitectura geoestratégica de minerales críticos y su implicación para México

La competencia global por minerales críticos se ha convertido en uno de los ejes centrales de la seguridad energética, tecnológica e industrial. Cobre, litio, níquel, grafito y tierras raras son insumos esenciales para electrificación, almacenamiento, semiconductores, defensa y transición energética. La alta concentración del procesamiento en Asia —particularmente en China— ha llevado a Estados Unidos a rediseñar su estrategia internacional.

En ese contexto surge FORGE (Forum on Resource Geostrategic Engagement), un mecanismo multilateral impulsado por Washington para coordinar políticas con países socios en torno a minerales estratégicos. FORGE amplía esfuerzos previos como la Minerals Security Partnership y busca integrar diplomacia, financiamiento e instrumentos comerciales bajo una lógica de seguridad económica.

El objetivo no es únicamente asegurar acceso a materias primas, sino fortalecer cadenas de suministro completas: exploración, extracción, refinación, procesamiento intermedio y manufactura avanzada. Asimismo, contempla coordinación regulatoria, movilización de financiamiento a través de agencias como EXIM y la DFC, y posibles herramientas comerciales orientadas a estabilizar mercados y reducir vulnerabilidades estratégicas.

Que México esté considerado en FORGE tiene implicaciones relevantes.

Primero, reconocimiento geopolítico. México es visto como parte de la arquitectura estratégica de Norteamérica en minerales críticos. No se trata solo de integración comercial vía T-MEC, sino de su papel en la seguridad industrial regional.

Segundo, integración potencial en cadenas de valor. México es productor relevante de cobre, plata y zinc, y posee potencial en litio. Sin embargo, su participación en etapas de procesamiento de alto valor agregado es limitada. FORGE abre la posibilidad de atraer inversión en procesamiento intermedio y fortalecer su posición en cadenas vinculadas a baterías, infraestructura eléctrica y manufactura avanzada.

Tercero, alineación regulatoria y comercial. La participación implica diálogo sobre estándares, trazabilidad, estabilidad de suministro y eventualmente mecanismos de coordinación comercial. Esto requiere equilibrio entre integración estratégica con Estados Unidos y preservación de autonomía regulatoria.

Cuarto, señal para inversionistas. Estar dentro del perímetro estratégico occidental reduce percepción de riesgo geopolítico y puede facilitar financiamiento. En industrias intensivas en capital y largo plazo, la señal política es un factor determinante.

Quinto, oportunidad condicionada a política interna. La inclusión en FORGE no sustituye la necesidad de una estrategia nacional coherente. Seguridad jurídica, claridad regulatoria, impulso a exploración, incentivos a procesamiento y articulación industrial serán determinantes para capturar valor.

Para México, la discusión de minerales críticos no debe limitarse a extracción. El cobre —clave en electrificación y redes— posiciona al país como actor relevante en la transición energética regional. La ventana estratégica existe: integración norteamericana, base minera consolidada y cercanía al mayor mercado tecnológico del mundo.

FORGE coloca a México en el tablero. La pregunta es si México quiere limitarse a exportar concentrados o si aspira a capturar mayor valor en la cadena. La estrategia interna determinará si juega como proveedor primario… o como actor industrial estratégico.

Leave a Comment

to top