Por años, el debate sobre minería en México se ha centrado casi exclusivamente en la extracción. Volúmenes, concesiones, regalías, impactos. Sin embargo, el verdadero punto ciego —y la mayor oportunidad estratégica— no está en el subsuelo, sino en todo lo que ocurre después.
En 2024, Ruanda exportó cerca de 873 millones de dólares en oro, a pesar de que prácticamente no lo produce. Lejos de ser una anomalía, este dato revela una transformación profunda en la lógica de los mercados de commodities: el valor ya no se concentra solo en quien extrae, sino en quien procesa, certifica y comercializa.
Ruanda entendió que no necesitaba competir en reservas para competir en poder de mercado. Invirtió en laboratorios de ensayo certificados, en protocolos de trazabilidad alineados con estándares de la OCDE y en infraestructura institucional para formalizar flujos de oro artesanal provenientes de países vecinos. El resultado fue la creación de un hub regional de trading, capaz de fijar condiciones de precio y capturar márgenes que históricamente quedaban en Londres o Dubái.
Ghana siguió una ruta distinta pero complementaria. Identificó los cuellos de botella regulatorios que elevaban el riesgo país y alejaban capital institucional. Redujo tiempos de permisos ambientales de 18 a 6 meses, reformó su esquema de regalías y adoptó auditorías independientes para disminuir la percepción de corrupción. En solo dos años, la inversión extranjera directa en minería creció 127 %. No por un descubrimiento geológico, sino por una decisión deliberada de política pública.
Estos casos son especialmente relevantes para México.
Nuestro país es uno de los principales productores de plata a nivel mundial y un actor clave en cobre, mineral crítico para electrificación, redes, movilidad eléctrica y transición energética. Además, compartimos frontera con el mayor mercado consumidor de metales industriales del mundo. Y, sin embargo, seguimos capturando una porción limitada del valor total de la cadena.
Exportamos concentrados. Importamos productos con valor agregado. Cedemos márgenes en refinación, certificación, trading y financiamiento. En un contexto de nearshoring, seguridad de suministro y descarbonización, esta no es una omisión menor: es una vulnerabilidad estratégica.
La experiencia africana deja una lección clara: esto no es un debate minero, es un debate de política industrial y energética. México tiene la oportunidad de posicionarse como hub regional de procesamiento de cobre y plata, de integrar estándares ESG desde origen, de reducir fricciones regulatorias sin bajar exigencias ambientales y de capturar valor antes de que los minerales crucen la frontera. Es una estrategia para dejar de vender solo lo que sale del subsuelo y empezar a vender lo que se construye alrededor de él.
El mercado global de metales supera los 250 mil millones de dólares anuales. Los países ricos en recursos capturan menos del 10 % de los márgenes de procesamiento y comercialización. Ese diferencial no es inevitable. Es una decisión.
México no necesita extraer más para ganar más. Necesita definir estratégicamente qué lugar quiere ocupar en la cadena global de valor de los minerales críticos.
“México no necesita extraer más para ganar más. Necesita definir estratégicamente qué lugar quiere ocupar en la cadena global de valor de los minerales críticos”.
El cobre y la plata son más que commodities de exportación: pueden convertirse en palancas de desarrollo industrial, energético y geopolítico. La ventana está abierta. Lo que sigue es decidir si queremos atravesarla.
*/ Yaxa Michel es presidenta de la Asociación Mexicana de Minerales Críticos, desde donde impulsa prácticas sostenibles, innovación y cooperación en el sector. Con más de 15 años de experiencia en comunicación estratégica, asuntos corporativos y cabildeo, ha trabajado en múltiples industrias y liderado iniciativas ESG en México.
Las opiniones vertidas en «El Diario de la Transición Energética» son responsabilidad exclusiva de quienes las emiten y no representan necesariamente la posición de Energía a Debate, su línea editorial ni la del Consejo Editorial, así como tampoco de Perceptia21 Energía. Energía a Debate es un espacio informativo y de opinión plural sobre los temas relativos al sector energético, abarcando sus distintos subsectores, políticas públicas, regulación, transparencia y rendición de cuentas.