Estados Unidos ha dado una señal contundente sobre el rumbo de su política energética e industrial con la publicación de la proclamación presidencial, el 14 de enero de 2026, bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, al ordenar negociaciones para ajustar las importaciones de minerales críticos procesados y sus productos derivados, bajo el argumento de seguridad nacional. La decisión, sustentada en una investigación del Departamento de Comercio, reconoce una vulnerabilidad estructural: la elevada dependencia externa en insumos esenciales para la transición energética, la infraestructura crítica, la defensa y las tecnologías avanzadas.
Este movimiento confirma una tendencia global: los minerales críticos han dejado de ser solo un tema minero para convertirse en un eje central de la seguridad energética, la sostenibilidad y la competitividad económica.
Una reconfiguración necesaria de las cadenas de suministro
El diagnóstico estadounidense es claro. Aunque el país cuenta con recursos minerales, carece de suficiente capacidad doméstica para procesarlos y transformarlos en productos de mayor valor agregado. Esta brecha ha permitido la concentración de etapas clave de la cadena en pocos países, generando riesgos de interrupción, volatilidad de precios y distorsiones de mercado que desincentivan la inversión en otras regiones.
Frente a este escenario, la estrategia no apunta al aislamiento comercial, sino a reordenar el origen y las condiciones del suministro, privilegiando cadenas más cortas, confiables y alineadas con objetivos de sostenibilidad y seguridad. La orden presidencial instruye a negociar con socios estratégicos y deja abierta la posibilidad de mecanismos correctivos —como esquemas de precios de referencia— si dichas negociaciones no producen resultados suficientes.
El mensaje es inequívoco: el acceso a minerales críticos ya no se medirá solo en volumen, sino en confiabilidad, trazabilidad y alineación estratégica.
El verdadero cuello de botella: procesamiento y valor agregado
Uno de los elementos más relevantes de esta decisión es el énfasis en los minerales críticos procesados y sus derivados. La extracción, aunque indispensable, representa solo el primer eslabón. El mayor valor económico, tecnológico y estratégico se concentra en el procesamiento, la refinación y la manufactura intermedia, etapas que hoy enfrentan una alta concentración global.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, este enfoque también es clave. Las decisiones sobre dónde y cómo se procesan los minerales inciden directamente en huella ambiental, uso de energía, estándares laborales y trazabilidad, factores cada vez más relevantes para inversionistas y reguladores.
México ante una ventana estratégica
Para México, esta coyuntura representa una oportunidad difícil de ignorar. Como principal socio comercial de Estados Unidos y país con una base minera relevante, México puede desempeñar un papel más activo en la construcción de cadenas regionales de minerales críticos. Sin embargo, ello requiere ir más allá del modelo tradicional de exportación de materias primas.
“México puede desempeñar un papel más activo en la construcción de cadenas regionales de minerales críticos”.
El desafío está en crear condiciones que permitan atraer inversión en procesamiento y valor agregado, ofreciendo certidumbre regulatoria, estabilidad de largo plazo y alineación con los objetivos de transición energética de Norteamérica. Sin estas señales, los proyectos —intensivos en capital y de maduración lenta— difícilmente se materializarán.
El T-MEC como instrumento para la transición energética
En este contexto, el T-MEC puede evolucionar hacia una plataforma de nueva generación. Incorporar discusiones sobre minerales críticos no solo es coherente con la realidad energética actual, sino necesario. Mecanismos que reduzcan distorsiones de precios, fomenten la inversión productiva y promuevan cooperación tecnológica pueden fortalecer la resiliencia regional y acelerar la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles.
Lejos de ser una medida proteccionista, este enfoque responde a un mundo donde la sostenibilidad, la seguridad energética y la política comercial convergen.
Una decisión que trasciende fronteras
La iniciativa estadounidense refleja una transformación más amplia del sistema energético global. Asegurar minerales críticos es asegurar la transición energética. Para México, el momento es ahora: definir si será un proveedor pasivo de recursos o un actor estratégico en las cadenas de valor que sostendrán la economía baja en carbono.
En un entorno de cadenas de suministro frágiles y presiones climáticas crecientes, la integración regional inteligente de los minerales críticos puede convertirse en uno de los pilares de la sostenibilidad energética de Norteamérica.
*/ Yaxa Michel es presidenta de la Asociación Mexicana de Minerales Críticos, desde donde impulsa prácticas sostenibles, innovación y cooperación en el sector. Con más de 15 años de experiencia en comunicación estratégica, asuntos corporativos y cabildeo, ha trabajado en múltiples industrias y liderado iniciativas ESG en México.
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