Tal vez uno de los problemas más serios que le dejó el gobierno pasado al actual en materia eléctrica es la Península de Yucatán.
El problema es sencillo: en la región se genera menos energía de la que se consume, el resto de lo que se consume se trae de la región oriental, allá por Chiapas, pero hay una sola conexión que, si falla –¡caput!–, cosa que se ha vuelto común desde 2019.
La solución suena fácil: habría que poner más generación en el sitio y/o más conexiones en la región oriental, que es la única disponible cerca. Ambas cosas estaban en camino y se frenaron de diversas formas.
Había permisos de generación de energía eléctrica por fuentes renovables que sumaban más de 1,500 MW. También había un proyecto de línea de transmisión de Malpaso en Chiapas, a Playa del Carmen, en Quintana Roo. Se permitieron algunos proyectos, pero otros se pararon de forma absurda por diversas autoridades. El de transmisión simplemente se sepultó.
Pero sí “se hizo algo” en la región. Se construyó un par de centrales eléctricas –Mérida y Valladolid– que generarán energía con tecnología de ciclo combinado, pero como no hay gas natural en la zona, tardarán al menos 2 años en ponerse en operación. En su conjunto aportarían 1,519 MW de capacidad. Muy probablemente cuando puedan entrar en operación, las garantías de los constructores ya no estarán vigentes. En otras palabras, si las plantas tienen un defecto constructivo, en lugar de que el constructor las corrija, como pasaría en cualquier contrato de este tipo de obras, lo tendremos que pagar los mexicanos porque la garantía estará vencida. Todo por voracidad de hacer obras sin la planeación adecuada. No conforme con eso, los mexicanos en poco tiempo tendremos que pagar por un ducto que se construyó ya, pero que no usaremos por un par de años también.
Pero todo esto tal vez sea la parte más chica del problema. La mayor es que este enorme monto de dinero lo pagaremos los mexicanos pero no resolverán en el corto plazo los problemas de suministro eléctrico en la Península de Yucatán.
La demanda en esa región sigue creciendo a un ritmo superior al 10 %. Cuando se pongan en operación las centrales de ciclo combinado, propiedad de CFE, la demanda de nuevo estará rebasada. Esos proyectos estrella no son suficientes. Y ya ni hablemos del costo.
Pero la solución es relativamente sencilla: se trata de no poner todos los huevos en una sola canasta, sino diversificar las opciones.
Como decía al inicio de este espacio, hay más de 1,500 MW de capacidad de generación en permisos que podrían aportar energía para satisfacer la demanda, más allá de las centrales el ciclo combinado.
Las horas de mayor demanda eléctrica en la zona son durante la tarde noche, es justo cuando los parques eólicos ofrecen energía. Revivir la línea de transmisión de corriente directa ofrecería redundancia al sistema y seguramente los hoteleros de la Riviera Maya estarían encantados de participar o aportar en el proyecto. Los grandes centros de carga pueden instalar solar e incluso eólica en las modalidades de generación exenta, distribuida y autoconsumo, de la mano de baterías, para incrementar la generación en sitio y la estabilidad del sistema. Los proyectos se pueden desarrollar mediante contratos de largo plazo y también generación de mercado. En otras palabras, se pueden usar todos los modelos privados para crecer la oferta energética y abastecer la demanda eléctrica, además de que las centrales de ciclo combinado que entrarán en operación cuando les llegue el gas.
“Los grandes centros de carga pueden instalar solar e incluso eólica en las modalidades de generación exenta, distribuida y autoconsumo”.
En resumen, el problema se puede solucionar con participación del Estado (Centrales de Ciclo Combinado) y con centrales renovables privadas, que además podrían construirse y concluirse antes de que llegue el gas.
Creo honestamente que el problema eléctrico es la herencia maldita que le dejó el gobierno anterior al actual, pero es también un reto y oportunidad de demostrar que la nueva Ley del Sector Eléctrico puede funcionar. Y, aunque como toda ley, no es perfecta, sí creo que puede ser funcional.
Las opiniones vertidas en la sección «Plumas al Debate» son responsabilidad exclusiva de quienes las emiten y no representan necesariamente la posición de Energía a Debate, su línea editorial ni la del Consejo Editorial, así como tampoco de Perceptia21 Energía. Energía a Debate es un espacio informativo y de opinión plural sobre los temas relativos al sector energético, abarcando sus distintos subsectores, políticas públicas, regulación, transparencia y rendición de cuentas, con la finalidad de contribuir a la construcción de una ciudadanía informada en asuntos energéticos.