El reciente ajuste en la perspectiva de las calificaciones crediticias de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por parte de la agencia Standard & Poor’s encendió las alarmas en el sector financiero.
El equipo de análisis de Skandia México advirtió que este movimiento constituye una señal de alerta prioritaria para la economía nacional, dada la estrecha e indivisible vinculación que ambas empresas productivas del Estado mantienen con las finanzas públicas del país.
A través de un reporte corporativo, el holding financiero precisó que la asignación de la perspectiva negativa abre un escenario de alta probabilidad para que las agencias internacionales ejecuten una rebaja en las notas corporativas durante los próximos meses.
Esta degradación se concretaría si se prolonga el deterioro de las condiciones fiscales de la Federación y el perfil financiero de las dos entidades estatales, consideradas por la firma como los pilares fundamentales del aparato económico de la nación.
El diagnóstico sobre Pemex identifica las vulnerabilidades más críticas para el erario. A pesar de que la deuda financiera de la petrolera registró una reducción sustancial que la ubicó en 79 mil millones de dólares —su nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2015—, la empresa no ha logrado revertir su condición como la petrolera más endeudada del mundo.
Skandia enfatizó que los recurrentes apoyos de capital e incentivos fiscales otorgados por el gobierno federal han resultado insuficientes para frenar un historial de pérdidas persistentes.
Durante el primer trimestre, Pemex reportó un saldo negativo neto de 45 mil 992 millones de pesos, arrastrado por una estructura rígida de costos operativos, pasivos financieros severos y una carga sofocante por concepto de pago de intereses.
En paralelo, los ingresos trimestrales exhibieron debilidad al situarse en cerca de 365 mil millones de pesos, una cifra inferior a la del ejercicio previo.
La firma financiera atribuye esta erosión de los ingresos a una plataforma de producción petrolera estancada en el umbral de los 1.6 millones de barriles diarios, una métrica distante del objetivo oficial de 1.8 millones de barriles.
A este complejo panorama se añaden las elevadas inversiones destinadas a proyectos de transformación industrial, como la refinería de Dos Bocas, que tras inyecciones multimillonarias de capital todavía no aporta los retornos económicos proyectados.
La vulnerabilidad de Pemex ante la evaluación de S&P se complementa con la baja liquidez inmediata, un abultado saldo de adeudos con proveedores y la apremiante necesidad de capital para exploración y extracción.
Respecto a la Comisión Federal de Electricidad, el balance de Skandia sugiere un escenario de menor gravedad estructural en comparación con el hidrocarburo, lo que le permite retener su grado de inversión gracias a la predictibilidad de sus flujos por el suministro eléctrico nacional. La CFE reportó ingresos superiores a los 650 mil millones de pesos el año anterior.
No obstante, el análisis advierte que la eléctrica estatal no está exenta de riesgos sistémicos.
La presión sobre sus márgenes operativos se ha intensificado debido al encarecimiento internacional del gas natural y a la política regulatoria de subsidios gubernamentales implementada para contener las tarifas residenciales.
Asimismo, el holding financiero concluyó que la CFE encara el desafío de fondear inversiones de gran escala para la modernización de sus plantas de generación, el robustecimiento de las redes de transmisión y el desarrollo de nueva infraestructura energética esencial para el país.
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