México cumple 22 años de caída en producción petrolera y sostiene 88% de su energía con fósiles. De acuerdo con especialistas, una transición energética real debe pasar por tres movimientos clave: desescalar Pemex, reconvertir su infraestructura hacia energías renovables y actualizar la regulación para que hogares y comunidades accedan a energía limpia
Lo anterior se planteó durante el panel “Transformando los incentivos económicos y fiscales para la transición energética justa en México”, realizado por México Resiliente. Luca Ferrari, Investigador Titular C en el Centro de Geociencias de la UNAM, campus Juriquilla, Qro., señaló que en México el usuario principal de energía es la industria, con 61% de electricidad y 32% del consumo energético total, seguido del transporte con 44% de toda la energía del país, donde 40% corresponde a transporte pesado ligado al intercambio comercial.
Frente a esto, subrayó que hay que aceptar la realidad: México ya no es un país petrolero. Sin embargo, la dependencia fósil sigue siendo altísima, 88% de la energía proviene de combustibles fósiles, pero disminuirla es necesario e inevitable porque México lleva 22 años con producción petrolera en declive por razones geológicas, ante el agotamiento del petróleo fácil, barato y abundante.
“Y esto implica crecientes costos económicos, energéticos también ambientales y sociales”, afirmó.
Detalló que Pemex enfrenta infraestructura muy vieja con poca atención al mantenimiento, lo que deriva en desastres, derrames y venteo de gas. Por eso planteó que Pemex tiene que reducirse de forma planeada, disminuyendo poco a poco la producción, dejando solo los mejores activos y atendiendo los pasivos ambientales. Aclaró que no se puede seguir con la misma estructura de cuando se producía más del doble de petróleo y gas, y que el cambio debe ser integral.
“No podemos seguir con una estructura de Pemex que es la misma de cuando producimos más del doble del petróleo y del gas que tenemos ahora. Pero eso tiene que hacerse en un proceso integral de cambio de sistema”, señaló Luca Ferrari.
Ese cambio integral, explicó Marbellys Chacón Socorro, Consultora Oil & Gas, no consiste en apartar o dejar de un lado totalmente lo que es el sector hidrocarburos, sino en buscar una manera en que puedan convivir ambas fuentes de energía de la manera más sustentable posible.
“Poder dar incentivos fiscales a otros tipos de empresas…las cuales utilizarán energías renovables, para poder refocalizar o retransformar nuestras cadenas de suministro”, indicó Marbellys.
Un ejemplo de esto es aprovechar el conocimiento de Pemex y de los organismos reguladores del subsuelo de México para poder explotar lo que es la energía geotérmica. También mencionó que se tiene conocimiento sobre plataformas marinas y otro tipo de infraestructuras. Sobre ello, consideró que se tiene el conocimiento para utilizar esas instalaciones en parques eólicos marinos. De igual manera, apuntó, México posee ductos para transportar gas, los cuales se pueden acondicionar para proyectos de hidrógeno verde o hacer captura y almacenamiento de carbono.
Para Luca Ferrari, hay límites técnicos, económicos y socioambientales para que las renovables mantengan el sistema industrial construido con fósiles. Sin embargo, sí es posible reducir fuertemente el consumo de combustibles fósiles y las emisiones, pero para lograrlo es necesario bajar también de manera significativa el consumo energético. La pregunta clave es cómo hacer esa reducción, y la respuesta es entrar a la parte de eficiencia, cuestionó.

Acelerar la Transición Energética
Gilberto Sánchez Nogueira, presidente de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES), expuso que en México actualmente ya se tiene una importante incorporación de generación solar fotovoltaica, a gran escala y en generación distribuida, la cual alcanza alrededor de los 15 mil megawatts. En gran escala se tiene una participación de 9 mil megawatts, mientras que en generación distribuida se ha alcanzado ya los 5 mil megawatts.
“Es un número interesante que viene creciendo año con año. Para acelerar esta transición hay que resolver tres puntos medulares: actualizar la regulación, activar financiamiento de la banca comercial y atender el cuello de botella técnico en la red”, agregó.
Detalló que la nueva Ley de Planeación y Transición Energética tiene un enfoque en energías limpias y reducción de la pobreza energética. Sin embargo, lo que queda pendiente es la publicación de la regulación de Generación Distribuida, que se pondrá en sintonía con esa transición energética justa y deberá democratizar el acceso a las energías limpias.
Dentro de esta generación distribuida, señaló que han insistido en que se agreguen conceptos como “generación colectiva”, para agrupaciones en zonas urbanas, y “generación comunitaria”, que busca democratizar renovables y bajar pobreza energética en zonas rurales. Indicó que esa distinción no existe desde 2018 y es clave para que la transición sea justa.
“Hemos estado insistiendo en que se tomen en cuenta estas dos formas de generación colectiva y comunitaria, que puedan ayudarnos a disminuir la pobreza energética”, afirmó Gilberto Sánchez.
Por otro lado, en financiamiento, la banca comercial debe diseñar productos estratégicos para proyectos de pequeña y mediana escala; los estímulos fiscales actuales están diseñados para empresas que deducen ISR, pero quienes sostienen el crecimiento son los hogares. De más de 600 mil usuarios de GD, 96% está en baja tensión, y de estos, el 85% son domésticos que generan su propia energía sin algún incentivo fiscal.

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