México avanza en el reconocimiento del biogás y de los biocombustibles como parte de la canasta energética del país, pero aún hay algunas áreas pendientes en las que se encuentran trabajando autoridades y representantes de la industria.
El 18 de marzo de 2025 se promulgó y publicó la Ley de Biocombustibles y en octubre del mismo año se hizo lo mismo con su Reglamento, con lo que este segmento energético ha encontrado finalmente certidumbre jurídica; sin embargo, el país no cuenta con un mapeo de cuántas instalaciones existen ni dónde se encuentran, cómo operan, de qué tipo son ni su capacidad, en qué ocupan la energía resultante –sea térmica o eléctrica– y mucho menos se sabe si cuentan al menos con un permiso.
Además, son instalaciones que no tienen supervisión de ningún tipo, incluyendo aspectos ambientales o de seguridad industrial, por ejemplo.
“Más o menos se calcula que hay alrededor de mil proyectos, sobre todo chiquitos y medianos que utilizan biodigestores o que están generando electricidad con biogás. Entonces, ahí la pregunta es ¿dónde están?”, expresó Guillermo Gómez, presidente del Consejo Nacional de Biogás (CNBiogas).
Sin embargo, ese número podría llegar a los 4 mil si se toman en cuenta otras instalaciones para la generación de energía térmica a partir de biodigestores, considerando también aquellas que aprovechan los lodos de las aguas residuales, conocidas como Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), advirtió.
Algunos proyectos pequeños son instalaciones domésticas o con una producción que atiende, por ejemplo, solo a una granja, quizá para generación eléctrica por biogás para atender las necesidades propias. Otros aprovechan residuos en una comunidad, o una casa.
Los medianos son aquellos que tienen un fin más industrial; es decir, el biogás da capacidad para alimentar, por ejemplo, una caldera para un proceso, o para tener generación eléctrica, explicó el especialista.
Operación en el anonimato
En conversación con Energía a Debate, Guillermo Gómez agregó que, en la mayoría de los casos, todos estos proyectos se han mantenido en el anonimato porque no ha habido ningún tipo de certidumbre, ni reglas, ni normatividad, además de que, por sus dimensiones, se asume que operan para autoconsumo o usos propios.
“Agunos cuentan con un permiso de generación eléctrica a través de biogás, pero en su momento la Comisión Reguladora de Energía no obligaba nada en materia justo de biogás, [ya que] se enfocaba a la parte de electricidad, por decirlo de una forma muy simple”, agregó.
Así, la ubicación, qué residuos se utilizaban, cuánto se producía, o cuánto se estaba aprovechando no interesaba, así que no se cuenta con esos datos.
El pasado 31 de agosto, la Secretaría de Energía (Sener) que encabeza Luz Elena González Escobar publicó los formatos de solicitud de permisos para ocho actividades de la cadena de valor de los biocombustibles, algo que a la fecha no existía.
Así, se encuentran los formatos para producción, importación, exportación, almacenamiento, transporte, comercialización, distribución y expendio al público.
Asimismo, en el documento disponible en el portal del Diario Oficial de la Federación (DOF), se encuentra el formato de Autorización para la Producción o Aprovechamiento de Biocombustibles, y las bitácoras para cada permiso, entre otros.
En opinión del presidente de CNBiogas, la intención de la autoridad es ir hacia la digitialización de estas solicitudes para una administración más ágil de este sector.
“Ahí el mensaje sería que pueden servir para un tema de estadística para aquellos que no van a modificar nada. Para aquellos que pretenden aumentar las capacidades o usos, tengan la oportunidad de regularizar. Y para aquellos que a lo mejor no estaban al amparo de algún permiso de generación de electricidad, inclusive”, añadió.
Pero no solo en la parte estrictamente de energía, sino en otros ámbitos, como los competentes a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de seguridad industrial con la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, (ASEA), entre otros.
Por lo pronto, agregó Gómez, para finales de año ingresarán a la Sener cinco permisos, cuya entrada en operación formal podría darse el próximo año bajo la nueva regulación.
Detalló que dos de ellos se refieren a producción de biogás a partir de un relleno sanitario, más dos de biodigestores de desechos animales y uno de estos últimos como PTAR a través de un industrial.
Aún más, el empresario estimó que, si estos proyectos logran escalar hacia más partes del sector, dos o tres de ellos ingresarían la solicitud de permiso de comercialización para poder vender ese biometano.
Citó como ejemplo exitoso y proyecto pionero el de la empresa Brimex Energy, ubicada en Lagos de Moreno, Jalisco. Con la ley anterior obtuvo el permiso de producción, pero con la regulación nueva y el Reglamento, ya tiene el de comercialización.
Reconocimiento y apoyos fiscales
En la conversación con este medio, Guillermo Gómez destacó que el biometano es un energético limpio y renovable, pero hasta hace poco la autoridad no tenía claras estas características, de manera que le graba el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), principalmente porque en México no se había dado, por ejemplo, la comercialización de una “molécula verde”.
Igualmente, la importación de equipos para la producción y aprovechamientos del biogás y de los biocombustibles están fuera de cualquier estímulo fiscal.
Asimismo, en la Taxonomía Sostenible de México, elaborada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), todavía no se contempla la industria de los biocombustibles, como sí lo hace, por ejemplo, la Taxonomía correspondiente de la Unión Europea, que abarca las actividades de producción de biogás y de biocombustibles para el transporte, además de la producción de biolíquidos.
La inclusión de estas actividades en la Taxonomía permite que el sistema financiero del país, mediante sus diversos instrumentos, se alinee a la sostenibilidad y permita financiación y créditos para proyectos de este tipo, entre otros beneficios.
Trazabilidad de la biomolécula
Relacionado con lo anterior, Guillermo Gómez compartió que autoridades y representantes de la industria están trabajando en unos nuevos lineamientos relativos a las garantías de origen de los biocombustibles.
“La trazabilidad se vuelve muy importante porque te permite en algún momento poder buscar alguna especie de certificación a través de alguna metodología que permita llevar el atributo ‘verde’; es decir, cómo está aportando ese proyecto de biogas, de biometano, de inyección [de biometano en ductos de gas natural] hacia un mercado voluntario de emisiones y, obviamente, que haya una base a nivel nacional”, expuso.
Del mismo modo, también se trabaja justamente en la normatividad referente a la inyección del biometano en las redes de distribución de gas natural.
“Los proyectos que estén cerca de un sistema de distribución de gas natural podrían inyectar su biometano bajo la norma de especificaciones, más el lineamiento, más todo lo que tienen que cumplir de permisos e, incluso, aquellos que pudiesen desarrollar un nuevo proyecto”, expresó.
Estos dos proyectos normativos están liderados por la Sener, en la parte renovables, pero Guillermo Gómez adelantó que hay una participación muy activa de la CNE –a cargo de Juan Carlos Solís Ávila— porque el biometano va a recaer en las actividades que regula, supervisa y controla este último organismo.
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