Los nuevos modelos de participación público-privada en el sector tienen una serie de detalles que aunque no parecen relevantes, reflejan un cambio de perspectiva en la propia CFE que hace falta revisar.
Se construirán centrales eléctricas completas, pero no toda la energía que generen se le quedará a CFE, sino que una parte va a mercado, lo que rompe un mito.
Una parte importante de CFE se oponía a que los Productores Independientes de Energía de la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica construyeran centrales más grandes que lo que les exigía el contrato con la empresa estatal para entregar el excedente a usuarios de autoabastecimiento.
La misma queja se daba en las subastas, que entregaban parte de su energía a CFE y otro tanto a mercado eléctrico. La queja es que no debía ser así y las centrales debían destinarse a un solo uso.
Ahora es en buena medida el centro de la propuesta de proyectos mixtos: 70 % de la energía a suministro básico, 30 % al mercado. Esto permite que CFE firme contratos de cobertura sin acumular deuda. Pero además se opone a la idea expuesta y defendida en la administración anterior.
Algo interesante es que, a juzgar por la información que se movió mediante presentaciones que parecían ser oficiales, el mayor interés por participar en los proyectos de inversión mixta viene de parte de desarrolladores, ya no tanto de utilities integradas verticalmente del sector.
Este cambio se acompaña con el origen de las empresas: mucho más norteamericanas y ya no tantas europeas como en la apertura de la reforma de 2013-2014, sumado esto tal vez a la crisis o reconfiguracion de algunas de las empresas europeas presentes en México. Esto tal vez se explica porque la inversión de Estados Unidos se sienta protegida por el TMEC o por Trump, mientras que las inversiones europeas cuentan con mecanismos similares, pero no tan fuertes ni políticamente relevantes.
La apertura también demuele un mito fundacional de CFE: ese que juraba que las empresas del Estado podían todo. Desde la creación de los mecanismos de inversión mixta hasta los detalles de las convocatorias dejan en claro que CFE requiere tanto de la participación del capital como de la experiencia privada. Los privados pondrán el dinero, el desarrollo, la construcción y hasta la operación en los casos de proyectos que nacieron privados y se adhieren al mecanismo mixto.
“La apertura también demuele un mito fundacional de CFE: ese que juraba que las empresas del Estado podían todo”.
Si los mandos medios y altos son capaces de establecer los mecanismos adecuados, tal vez podrían generar una masa crítica de personal en la empresa que desarrolle, ejecute y opere proyectos, solares eólicos en un lustro, pero los recursos del Estado muy probablemente serán siempre escasos y deberán acompañarse de los privados.
Tal vez la parte preocupante de los proyectos mixtos es que, en su diseño, no parece haber mecanismos que empujen el costo de la energía hacia abajo. No existen subastas o un mecanismo similar para CFE, que tome lo mejor de la experiencia y corrija sus errores, que los tuvo.
La sola regionalización de las diversas demandas es una corrección de los defectos de las subastas, pero el mecanismo de competencia no parece estar, al menos no de forma clara.
Parece haber una exageración en pedir una tecnología específica y montos de la misma por región, cuando el almacenamiento te puede permitir solicitar horas de entrega de energía, más que tecnologías.
Pero regresando a lo económico, el mercado podrá estar protegido por la subasta constante que significa su existencia. El gran usuario tiene cómo buscar energía a costos competitivos conforme la oferta se vaya normalizando y el mercado madure. La constante lucha por ganar contratos de venta de energía y de lograr el menor costo. Pero el suministro básico, ese que se creó para proteger al pequeño usuario de los vaivenes del mercado, carece de incentivos, al menos en este momento, para comprar la energía a precios más bajos.
De tener exito los contratos mixtos, como la información filtrada sugiere, entre proyectos prioritarios y los de inversión mixta logran dos de los objetivos que debiera tener toda política energética: lograr energía de forma segura, luchando contra la herencia de la parálisis del sexenio pasado; lograr energía más limpia, al abrir la puerta a los parques renovables. Pero hará falta conseguir esa energía limpia y segura al precio más bajo posible.
Siempre hay la oportunidad de mejorar lo hecho y tienen todo el poder para hacerlo.
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