En septiembre México y Estados Unidos volverán a sentarse a negociar en Washington. La conversación alrededor de la revisión del T-MEC ha estado dominada por aranceles, acero, aluminio, automóviles, reglas de origen y la creciente preocupación estadounidense por reducir la presencia de insumos asiáticos en las cadenas productivas de Norteamérica.
Pero detrás de todos estos temas hay una pregunta mucho más importante para México:
¿Qué decisiones económicas queremos que provoquen los acuerdos que estamos negociando?
Porque un arancel no solamente cambia el precio de un producto. Puede cambiar dónde conviene producirlo, dónde procesarlo, dónde transformarlo y, finalmente, dónde invertir.
Para un país productor de minerales como México, esa diferencia es fundamental.
El cobre permite entender el problema
México es un productor importante de cobre. Sin embargo, una proporción significativa de sus minerales de cobre y concentrados tiene como destino China. En 2024, las exportaciones mexicanas de estos productos hacia ese país alcanzaron aproximadamente 3,540 millones de dólares.
Al mismo tiempo, Estados Unidos necesita cada vez más cobre.
La expansión de redes eléctricas, centros de datos, vehículos eléctricos, infraestructura, manufactura avanzada y defensa está aumentando la importancia estratégica de un metal que durante mucho tiempo fue visto principalmente como un commodity industrial.
Por eso Washington ha comenzado a tratar al cobre también como un asunto de seguridad económica.
La respuesta fácil para México sería pensar que esa demanda representa automáticamente una oportunidad para vender más.
No necesariamente.
La nueva estructura comercial norteamericana puede modificar algo mucho más importante: dónde resulta rentable procesar, refinar y transformar ese cobre.
Supongamos que una empresa productora mexicana debe decidir dónde colocar su siguiente inversión.
Puede ampliar una operación minera en México. Puede desarrollar capacidad adicional de procesamiento o fundición aquí. Puede invertir en Estados Unidos. Puede continuar enviando concentrados a Asia. Puede desarrollar nuevas capacidades de refinación o manufactura.
Cada una de esas decisiones responde a costos de energía, infraestructura, financiamiento, permisos, acceso a mercados y certeza regulatoria.
Pero también responde a aranceles, reglas de origen e incentivos.
Si las nuevas reglas norteamericanas hacen significativamente más rentable transformar el cobre en Estados Unidos que hacerlo en México, habremos conseguido quizá conservar el mercado para nuestro mineral, pero habremos perdido una parte mucho más valiosa de la oportunidad.
Seguiremos extrayendo el recurso mientras la inversión, el empleo especializado y el valor agregado se generan en otra parte.
Ese es el riesgo que México debería poner sobre la mesa en septiembre.
No se trata solamente de evitar aranceles
Hasta ahora México ha logrado mantener una posición comercial favorable.
La Secretaría de Economía señala que alrededor del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas continúa ingresando al mercado estadounidense con arancel cero cuando cumple las reglas del T-MEC.
Además, las conversaciones bilaterales han avanzado hacia un objetivo cada vez más explícito: fortalecer las cadenas de valor norteamericanas y sustituir importaciones provenientes de Asia.
Eso representa una oportunidad enorme.
Pero nuestro objetivo no debería ser únicamente conservar una ventaja arancelaria.
Deberíamos preguntarnos cómo utilizar esa ventaja para provocar determinadas decisiones de inversión.
En otras palabras:
¿Cómo hacemos que, cuando una empresa tenga que decidir dónde colocar el siguiente dólar de inversión en una cadena estratégica, México sea una de las opciones más atractivas?
Ya existen algunas piezas
México no parte de cero.
El Plan de Acción sobre Minerales Críticos acordado este año con Estados Unidos reconoce que ambos países necesitan cadenas de suministro más resilientes y propone explorar un nuevo paradigma de comercio preferencial para estos materiales.
Pero el documento va más allá.
Contempla promoción y evaluación de inversiones, estándares para minería y procesamiento, cooperación tecnológica y la identificación conjunta de proyectos específicos de minería, procesamiento y manufactura, a los que incluso podrían dirigirse financiamiento y otros apoyos de política pública.
Por otro lado, el Programa Institucional 2026–2030 del Fideicomiso de Fomento Minero plantea aumentar el financiamiento para la minería y su cadena de valor, desarrollar proveeduría nacional, apoyar minerales vinculados con sectores estratégicos y aprovechar la relocalización industrial.
El Plan México, a su vez, busca atraer inversión productiva, incrementar contenido nacional, desarrollar capacidades locales y utilizar infraestructura, simplificación regulatoria e incentivos fiscales y financieros para fortalecer sectores estratégicos.
Las piezas, entonces, comienzan a aparecer.
El problema es que una colección de instrumentos no constituye todavía una estrategia de minerales críticos.
De piezas aisladas a una estrategia
Una estrategia debería comenzar por decidir qué queremos lograr.
¿Qué minerales son prioritarios para México?
¿En cuáles tenemos una ventaja real?
¿En qué cadenas podemos competir no solamente en extracción, sino en procesamiento, refinación, reciclaje o manufactura?
¿Qué infraestructura requieren?
¿Qué proyectos deberían recibir financiamiento?
¿Qué incentivos necesitamos?
¿Qué obstáculos regulatorios están frenando inversión?
¿Qué capacidades tecnológicas necesitamos desarrollar?
¿Y qué condiciones comerciales debemos negociar con Estados Unidos y Canadá para que invertir en esos eslabones desde México resulte competitivo?
Sin esas respuestas podemos tener buenos instrumentos que empujen en direcciones distintas.
Podemos negociar acceso preferencial en Washington mientras nuestras condiciones internas hacen más rentable procesar el mineral fuera del país.
Podemos ofrecer financiamiento sin haber identificado las cadenas prioritarias.
Podemos atraer inversión sin definir qué eslabones queremos desarrollar.
Y podemos celebrar mayores exportaciones mientras seguimos exportando buena parte del valor agregado potencial junto con nuestros concentrados.
La pregunta para septiembre
Por eso México debería llegar a la próxima ronda del T-MEC con una ambición mayor que simplemente evitar nuevos aranceles.
Debería buscar que los acuerdos comerciales sobre minerales críticos incentiven decisiones económicas que fortalezcan la economía mexicana.
“[México] debería buscar que los acuerdos comerciales sobre minerales críticos incentiven decisiones económicas que fortalezcan la economía mexicana”.
Eso significa buscar condiciones preferenciales y estables para los minerales de origen regional, pero también procurar que esas condiciones favorezcan inversión en procesamiento, refinación, reciclaje, recuperación de minerales de relaves, proveeduría y manufactura dentro de México.
Estados Unidos quiere fortalecer la manufactura norteamericana, reducir vulnerabilidades en sus cadenas de suministro y disminuir su dependencia de economías extrarregionales. México quiere atraer inversión, aumentar contenido nacional y generar empleos de mayor valor.
Los minerales críticos son uno de los espacios donde esos intereses pueden encontrarse.
Pero México necesita decidir primero qué quiere construir.
No basta con tener cobre. Tampoco basta con tener un Plan de Acción bilateral, instrumentos de financiamiento, incentivos a la inversión o una posición preferencial dentro del T-MEC.
Necesitamos que esas piezas respondan a una misma estrategia.
La negociación de septiembre debería ayudarnos a crear las condiciones externas para lograrlo. La tarea interna es igualmente importante: conectar política minera, política industrial, política energética, inversión, infraestructura y comercio alrededor de cadenas de valor concretas.
Porque la verdadera oportunidad de los minerales críticos no está solamente en venderlos a quien esté dispuesto a pagar más.
Está en conseguir que su existencia cambie las decisiones de inversión a favor de México.
La pregunta para el Estado mexicano, entonces, no es únicamente qué condiciones queremos conservar en el T-MEC. Es qué queremos que las empresas decidan hacer en México gracias a ellas.
*/ Yaxa Michel es presidenta de la Asociación Mexicana de Minerales Críticos, desde donde impulsa prácticas sostenibles, innovación y cooperación en el sector. Con más de 15 años de experiencia en comunicación estratégica, asuntos corporativos y cabildeo, ha trabajado en múltiples industrias y liderado iniciativas ESG en México.
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