México cuenta con al menos siete proyectos piloto agrivoltaicos, hecho que lo hace pertenecer al grupo de naciones de América Latina, junto con Chile, Uruguay, Colombia y Brasil, que lidera la implementación de estos sistemas sustentables.
En total, en la región existen 27 proyectos piloto demostrativos en proceso, según refirió la Red Agrovoltaica Mexicana (RAMe).
A nivel global, la capacidad instalada en proyectos fotovoltaicos agrícolas creció de los 5 megawatts (MW) de 2012, a 14 mil MW para 2021; es decir, se multiplicó 2 mil 800 veces en solo diez años.
Recientemente, la RAMe, miembro de la Alianza Agrivoltaica Latinoamericana (AAL), en colaboración con Acciones para el Desarrollo Comunitario A.C. y con el respaldo de ReNew2030, Iniciativa Climática de México (ICM) y el Instituto de Desarrollo, Energía y Ambiente (IDEA), lanzaron el reporte “Perspectivas de la Agrivoltaica en América Latina: Oportunidades para el desarrollo social, ambiental y económico de las comunidades agrícolas”.
“Estos pilotos demuestran que la agrivoltaica es una solución territorial integrada que permite producir alimentos y energía limpia sin competir por el uso del suelo, posicionando a la región como un referente emergente en innovación rural”, dice el documento.

(Fuente: “Perspectivas de la Agrivoltaica en América Latina: Oportunidades para el desarrollo social, ambiental y económico de las comunidades agrícolas”)
Beneficios sistémicos
El reporte estaca tres beneficios que reporta la implementación de sistemas de generación eléctrica fotovoltaica integrados en cultivos agrícolas, conocidos como sistemas “agrivoltaicos”. En este sentido, expone:
- Eficiencia hídrica y resiliencia: Los sistemas agrivoltaicos pueden reducir la demanda de agua para riego hasta en un 20 por ciento y la evapotranspiración entre un 15 y 30 por ciento, protegiendo los cultivos contra olas de calor y eventos climáticos extremos.
- Optimización energética: La vegetación bajo los paneles solares genera un microclima que puede reducir la temperatura del sistema en promedio 8.9 °C, lo que incrementa la eficiencia de generación eléctrica en aproximadamente un 3 por ciento y contribuye a extender la vida útil de los equipos, al reducir su degradación hasta en un 50 por ciento.
- Soberanía territorial: Se estima que para 2050 América Latina requerirá al menos de 500 mil hectáreas para infraestructura fotovoltaica. El uso dual del suelo permite cumplir las metas de descarbonización sin desplazar la producción de alimentos ni promover la deforestación de bosques y selvas, responsables de cerca del 90 por ciento de la pérdida de ecosistemas tropicales.
“Este primer esfuerzo regional demuestra que la agrivoltaica no es solo una solución técnica, sino un puente hacia una transición energética justa. En América Latina tenemos la radiación solar y la vocación agrícola; ahora tenemos la evidencia para convertir al sector solar en un socio del desarrollo rural y no solo en un proveedor de infraestructura”, comentó Marcia Montedonico, coordinadora de la Alianza.
Por su parte, Luisa Sierra Brozon, directora ejecutiva de IDEA, subrayó en el factor financieros de los proyectos agrivoltaicos.
“Escalar la agrivoltaica hoy no es un problema tecnológico, es un problema de arquitectura financiera. Los mecanismos disponibles fueron diseñados para proyectos energéticos convencionales o agrícolas por separado, no para la intersección de ambos. Esta tecnología combina activos de largo plazo con ciclos agrícolas, genera múltiples co-beneficios que hoy no se monetizan, y atiende a actores —como los pequeños productores— que históricamente han quedado fuera del radar de la inversión climática. Necesitamos vehículos financieros que hablen el idioma de estos proyectos: sus garantías, sus plazos, sus riesgos y sus retornos. Esa es una tarea urgente para la banca de desarrollo y los fondos climáticos de la región”, expuso.
El informe no deja de lado el aspecto de la justicia energética y de la transición energética en el ámbito rural.
Sobre ello, Valeria Amezcua Santillán, presidenta de la RAMe, subrayó la importancia del impacto comunitario.
“La transición energética es una oportunidad para reducir desigualdades con innovación tecnológica, al integrar energía limpia en los procesos productivos rurales, tecnificar el riego y ganar autonomía frente al cambio climático. Este reporte es un llamado a la acción para que las políticas públicas acompañen esta transformación”.
Cómo escalar a lo comercial
Las organizaciones que participaron en el estudio consideran que la agrivoltaica abre un nuevo segmento para la industria fotovoltaica latinoamericana.
A nivel global, refieren, estos sistemas han crecido de forma sostenida durante la última década, pero en América Latina el desarrollo aún está en una fase inicial y mayoritariamente piloto. Ello, estiman las organizaciones, representa una ventana estratégica para la región por:
- Posicionamiento temprano en un mercado emergente (diferenciación tecnológica).
- Acceso a financiamiento climático y fondos multilaterales.
- Participación en proyectos y licitaciones con impacto ambiental y social verificable.
El reporte concluye que, para que la agrivoltaica pase de proyectos demostrativos a una escala comercial, es urgente el desarrollo de marcos regulatorios específicos y esquemas de financiamiento que consideren tanto a los pequeños productores como a los grandes desarrolladores energéticos.
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