La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) del gobierno de Estados Unidos anunció esta semana que eliminará la regulación que limita las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de las centrales de generación eléctrica con base en carbón y gas natural.
La intención, según refirió la Agencia el lunes pasado, es liberar todo el potencial energético de los Estados Unidos, incluidos estos dos combustibles.
“Está previsto que la producción de carbón destinada al sector eléctrico se multiplique por más de diez”, estimó la EPA.
Asimismo, el organismo regulador bajo la dirección de Lee Zeldin confió en que esta decisión ayudará a reducir los costos de producción de energía en unos 310 mil millones de dólares.
Según dijo Zeldin en el marco de la Reunión Cumbre de Energía del Grupo de los 20 (G 20), celebrada el lunes de Houston, Texas, esta acción desreguladora es “la más importante en la historia del sector energético del país”.
Pero la decisión va más allá. De acuerdo con el anuncio, la propia EPA ha propuesto derogar todos los estándares ambientales sobre emisiones para las plantas de energía.
Sin acuerdos internacionales
El pasado 27 de enero entró en vigor el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París –anunciado un año antes– que busca combatir el cambio climático global y mitigar sus efectos mediante acciones dirigidas a impedir que la temperatura promedio mundial aumente 1.5 grados Celsius.
La administración del presidente Donald Trump, en éste su segundo mandato, también ha sacado a su país de otros convenios internacionales en materia ambiental, como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP); el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), y el Fondo Verde para el Clima (GCF), entre otros.
En enero de 2025, ante los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas, el líder norteamericano calificó al cambio climático como “la mayor estafa perpretada en el mundo”.
Mediante todos los recursos legales, Trump ha realizado acciones para apoyar la industria de los hidrocarburos en su país y desincentivar la energía limpia y renovable, totalmente en sentido contrario de su antecesor, Biden.
Como parte de los argumentos de la EPA para quitar topes a las emsiones en el sector eléctrico, aseguró que las medidas impulsadas por Biden y el expresidente Barack Obama llevaron a elevar los precios de la energía y a que el país no pudiera aprovechar todo su potencial energético.
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