La guerra de Estados Unidos con Irán ha desatado un nuevo paradigma para el mercado petrolero internacional, donde difícilmente se verá en el corto plazo el regreso de los precios internacionales del hidrocarburo a los niveles de un mercado sin estrés.
Esta es la perspectiva de Alejandro Garza Salazar, fundador y director de inversiones de Aztlán Equity Management, quien estima que la tensión militar en Medio Oriente ha desatado dinámicas reales de producción y capital en la industria y la realidad que se perfila hacia el final del decenio apunta a una crisis geopolítica que acelerará el cuello de botella estructural en la oferta global de hidrocarburos.
“El amortiguador que ha evitado una crisis de suministro inmediato ha sido el continente americano. En los últimos años, la cuenca de Permian en Estados Unidos y nuevos polos en América Latina han absorbido la presión, permitiendo mantener un abastecimiento relativamente constante. Pero este motor está operando cerca de su capacidad máxima”, advierte el especialista en asignación de capital, mercados globales, industria energética y nearshoring del fondo de inversión mexicano.
En este sentido, las proyecciones del Análisis y Pronóstico de la Industria Petrolera de Aztlán 2030, muestran que la oferta de líquidos fuera del bloque de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+) alcanzará un techo operativo evidente hacia mediados de esta década, situándose cerca de los 56.5 millones de barriles diarios, para posteriormente estancarse y comenzar a replegarse.
“Este comportamiento no responde a una falta abrupta de recursos en el subsuelo, sino a las consecuencias de una década de infrainversión sistémica en proyectos de exploración de ciclo largo”, advierte el analista.
Las causas del recorte en inversión petrolera
Alejandro Garza detalla que en los últimos años, el mercado petrolero ha enfrentado una tormenta perfecta que limita la inversión en nuevos descubrimientos en cuencas complejas, dando prioridad al desarrollo de campos no convencionales, derivada de la presión de los mercados por retornos inmediatos y las exigencias de descarbonización.
“Al mismo tiempo, regiones históricamente productoras como Europa y China enfrentan un agotamiento maduro e irreversible en sus campos tradicionales”, dice el analista.
Como resultado, el mapa energético es sumamente vulnerable. “Si a un Estrecho de Ormuz bajo fuego le sumamos la falta de descubrimientos de gran escala fuera de Medio Oriente, el terreno queda dispuesto para una brecha severa entre la demanda real y la capacidad de producción disponible a partir de 2028”, advierte el fondo de inversión.
El mapa complejo incluye una vulnerabilidad logística extrema: al depender desproporcionadamente del volumen proveniente de América para compensar el declive en el resto del mundo, cualquier conflicto adicional en rutas marítimas estratégicas paralizará de inmediato las cadenas de suministro globales.
Además, el mundo corre el riesgo de regresar el poder absoluto a la OPEP+, pues la oferta fuera del club petrolero pierde tracción hacia el cierre de la década, mientras que los países del Golfo Pérsico atraviesan constantemente por conflictos internacionales.
En este sentido, el especialista de Aztlán señala que el cartel petrolero recuperará el control total sobre los precios marginales, anulando el margen de maniobra de las economías consumidoras para contener presiones inflacionarias.
Finalmente, la transición energética puede generar un impacto adverso, pues lejos de acelerar el abandono de los combustibles fósiles, un periodo de volatilidad podría desviar los recursos gubernamentales de las energías verdes a los subsidios para el consumo energético básico.
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