Lo marginal es, en uno de sus varios significados, lo que sucede en el borde y en dimensiones que no son mayores relativas al “cuerpo” del cual forma parte ese borde.
Bajo esta perspectiva, en los sistemas eléctricos lo marginal suele ser muy relevante, ya que puede ser determinante, en ciertas condiciones, en la continuidad del funcionamiento del sistema completo: unos cuantos kilowatts resultado de una mayor carga que se refleja en mayor corriente pueden botar los interruptores y dejar sin electricidad a una instalación. Marginal pero determinante, digamos.
A mayor escala (a nivel del sistema eléctrico nacional), unas cuantas cargas adicionales en la punta de la demanda pico (como las que ocurren por la demanda de electricidad de equipos de aire acondicionado en el verano) pueden ser la diferencia entre seguir operando o tener que “soltar carga” dejando sin electricidad a gran cantidad de usuarios.
En una instalación, esto se resuelve con una acción similarmente marginal actuando para quitarle coincidencias a la carga en el sistema, para luego reponer el fusible y subiéndole al interruptor. También se puede identificar si alguna de las cargas se puede cubrir con equipos que tienen menor potencia, pero que dan el mismo nivel de servicio. Esas dos opciones cuestan dinero, pero mucho menos de la alternativa que sería cambiar la instalación (cables, tableros e interruptores) y el contrato para trabajar a mayor voltaje.
A nivel de un sistema eléctrico, la alternativa es ampliar la infraestructura de suministro, ampliando la capacidad de generación, de transmisión y de distribución.
Esto se complica si consideramos que, en la actualidad, cada vez utilizamos más la electricidad para dar energía para ampliar la cantidad y la variedad de los servicios energéticos, como es el caso del transporte y de la climatización de espacios. Sin embargo, el crecimiento de la demanda eléctrica es algo inherente en los sistemas eléctricos que tienen que adelantarse al crecimiento de la demanda con inversiones en esos tres componentes del sistema: generación, de transmisión y de distribución.
Es aquí donde ubico otra perspectiva de lo marginal del ahorro y uso eficiente de la energía: en la política pública.
“Es aquí donde ubico otra perspectiva de lo marginal del ahorro y uso eficiente de la energía: en la política pública”.
En el caso de México, es un hecho aceptado por la autoridad que la demanda máxima del sistema eléctrico se da cuando aumenta la necesidad de confort térmico en regiones de clima cálido y que, por razones de desarrollo económico y una temperatura atmosférica que tiene a seguir aumentando, seguirá creciendo en los años que vienen.
Precisamente, todas las inversiones que se hacen en el sector eléctrico son para que siempre haya suficiente capacidad de generación, de transmisión y de distribución para atender esa demanda máxima y no se “vaya la luz”.
Es un hecho demostrable, sin embargo, que muchas acciones de gasto público en eficiencia energética tienen niveles de rentabilidad aceptables para la hacienda pública, como puede ser otorgar subsidios a la inversión de los usuarios para mejorar las envolventes de millones de viviendas nuevas y existentes o cambiar equipos de aire acondicionado de baja eficiencia por similares de alta eficiencia. Estas acciones son rentables porque, por cada peso ahorrado por el usuario en su factura, la hacienda pública ahorra dos, resultando en inversiones públicas con períodos de recuperación de dos a tres años para la hacienda pública.
No obstante, mientras que para las obras de infraestructura se anuncian y presumen grandes inversiones públicas, para las acciones de mejora de la eficiencia energética solo se anotan buenas intenciones. Es decir, el ahorro y uso eficiente de la energía es también marginal, pero, en este caso, para la política pública (esa que se muestra en el presupuesto).
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