Dejamos la columna pasada con una cuenta de 6,000 millones de dólares como el daño al erario causado por Bartlett, cuenta a la que hay que seguir abonando y, además, describiendo daños no contabilizables.
Pasivo laboral. Sin lugar a dudas, trabajar en una empresa del Estado es un privilegio, más en una de alto riesgo, como las del sector energético. Sin embargo, las condiciones tienen un costo para el Estado y poco a poco se vuelven un pasivo. Durante un par de décadas, presidentes emanados de dos partidos políticos distintos al que actualmente gobierna realizaron negociaciones para bajar esos pasivos y uno de los logros fue negociar con el sindicato incrementar la edad de retiro de los trabajadores de CFE. Pero esas dos décadas se perdieron cuando Bartlett bajó, de un plumazo, diez años la edad de jubilación para ganarse políticamente al gremio a costa del resto de los mexicanos, la competitividad y las finanzas del país. Este “acuerdo” incrementó en 157 mil millones de pesos, u 8.7 mil millones de dólares, el pasivo laboral en un año.
Uri, especulación costosa. Según información disponible, bajo el mando de Bartlett, CFEnergía y CFE internacional especularon en el mercado de gas texano. Cuando el precio del gas en el mercado spot era bajo y ellos vendían caro, el negocio era bueno. Pero con la tormenta invernal Uri, la inexperiencia los llevó a enfrentar 21 arbitrajes. Ya ganaron uno y perdieron otro, pero faltan diecinueve. El que ganaron fue por 100 millones de dólares y el perdido por 300 millones con Goldman Sachs.
Pero persisten otras demandas. Los especialistas estiman una cifra superior a los 2,000 millones de dólares en posibles pérdidas por ellas. A eso agregue otros 3,000 millones de dólares en pérdidas por el trade del gas ¡en cinco días! Todo ello suma unos 5,000 millones de dólares, pero mucho de esto se queda en estimaciones pues reservaron por cinco años la información.
Cuando llega este gobierno, lo primero que hace es cambiar al director de CFEnergía para poner a alguien capaz en su lugar. La actual administración ha llevado a cabo negociaciones con los demandantes, gracias a lo cual minimizaron pérdidas en algunos de los juicios, pero siguen varios.
Renegociación de los contratos. Bartlett acusó de “leoninos” una serie de contratos de transporte de gas que se licitaron un sexenio antes y que ganó quien ofreció el costo más bajo. Renegociar las tarifas de transporte generó un daño al erario de 6,836 millones de dólares (según la ASF) y obligó a CFE a alargar los contratos. Pero aquí hay pérdidas adicionales que no se pueden contar. Dentro de las renegociaciones, por ejemplo, el exdirector decidió tomar el riesgo de lograr derechos de paso que a los privados se les complicaron. Por ejemplo, el derecho de paso del gasoducto Tuxpan-Tula, que seis años después sigue pendiente, que complica la conversión de la termoeléctrica de Tula y que, gracias a la renegociación de Bartlett, es ahora responsabilidad de CFEnergía.
“…el derecho de paso del gasoducto Tuxpan-Tula, que seis años después sigue pendiente, que complica la conversión de la termoeléctrica de Tula y que, gracias a la renegociación de Bartlett, es ahora responsabilidad de CFEnergía”.
Pérdidas de CFE. Según la información pública, las pérdidas acumuladas en el sexenio superaron los 210.5 mil millones de pesos (11.6 mil MDD). Si bien en varios momentos la paridad cambiaria le significó ganancias a algunas áreas de CFE, los números al final son rojos. Decisiones ideológicas como el bloqueo a las subastas de energía eléctrica de largo plazo, el desarrollo de centrales privadas, terminaron por mantener y, en algunos casos, incrementar los costos a CFE, sin que eso se compensara con mejores ingresos. Decisiones políticas con efectos económicos al Estado y que no se pueden contabilizar.
Total de daños. Faltará cuantificar costos por cancelación de líneas con inversión previa; daños por usar combustóleo en Petacalco; pérdidas en Pemex por vender combustóleo por debajo del precio de mercado; intereses adicionales por retraso en la entrada en operación de centrales; el costo del riesgo del derecho de paso del gasoducto Tuxpan-Tula; el sobrecosto que ha pagado la industria eléctrica por no contar con gas en Tula; el sobrecosto de operación de centrales traídas del retiro a costos exorbitantes y sin operar, y un largo etcétera. Pero los 36,748 millones de dólares sumados en estos textos son mayores que cualquiera de las obras faraónicas del sexenio pasado.
Afortunadamente ni él ni su equipo están ya en CFE. Pero además de ser la única persona que ha frenado dos transiciones en la historia de México (la democrática y la energética), es difícil encontrar a una sola persona cuyas decisiones hayan generado tantos daños al país y en tan poco tiempo (si consideramos solo su estancia en CFE).
(Lea la segunda parte de esta entrega aquí)
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