Un reactor nuclear modular (SMR, por sus siglas en inglés) podría ser conveniente para zonas del país desconectadas del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), como las dos Penínsulas, o para instalaciones de alto consumo energético, entre ellos, los centros de datos.
Asimismo, una central nuclear pequeña ofrece otras ventajas, como el reúso de combustible que ya no funciona para las grandes generadoras –del tipo de la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde (CNLV), en Veracruz–, aportes de calor para procesos industriales y desalinización de agua, entre otras.
“Es mucho lo que viene en el mundo. Europa, con Alemania e Italia, está diciendo sí a lo nuclear, pero también pensando en esta nueva tecnología que te da hasta 300 megawatts para ser pequeño y está pensado de forma modular para irlo creciendo”, dijo Javier Palacios Hernández, director general del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ).
Durante el panel “Alternativas energéticas para un consumo sostenible”, realizado el día de ayer en el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el funcionario refirió como ejemplo la ciudad de La Paz, capital del estado de Baja California Sur.
“La Paz requiere alrededor de 100 megawatts para sus necesidades actuales; un reactor pequeño, como no está conectado a la red, funciona muy bien”, expuso.
La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) reconoce tres tipos de centrales nucleoeléctricas. Los reactores convencionales de gran escala, con una capacidad instalada igual o mayor a 700 megawatts (MW); los SMR, con una capacidad de hasta 300 MW, y los micro-reactores con capacidad menor a los 10 MW.
Laguna Verde tiene una capacidad instalada de poco más de 1,600 MW repartidos en dos unidades de unos 800 MW cada una. Cabe recordar que en 2017, la Unidad 1 de la CNLV recibió la renovación de su licencia de operación por otros 30 años, en un plazo comprendido entre 2020 y 2050. La Unidad 2, por su parte, recibió esta misma renovación en 2022 para el periodo 2025-2055, ambas con el aval de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS) del gobierno federal.
Reúso de combustible nuclear
En su participación en el panel, Palacios Hernández explicó que una central del tamaño de la CNLV tiene tres tipos de materiales que dejan de utilizarse, de los cuales, solo uno es peligroso por ser altamente radiactivo.
En primer lugar, abundó, se encuentran los materiales de muy bajo nivel radiactivo, mayoritariamente cobalto. Estos representan 95 por ciento del total de los volumen total y solo se empaquetan y se almacenan, o en algunos casos se incineran. Su vida últil, agregó, es de entre cinco y siete años.
Otro 4 por ciento está representado por los materiales con un mediano nivel de radiación, los cuales también son normalmente compactados y almacenados.
El 1 por ciento restante es esencialmente el combustible nuclear de la central y, de acuerdo con Palacios, sí es material altamente radiactivo. Generalmente es plutonio y puede reciclarse en las centrales modulares.
En su exposición, el director del ININ dijo que este último material conserva aproximadamente 95 por ciento su energía, por ello es aprovechable para los SMR.
“Los reactores pequeños están diseñados para reciclar combustible […] En los últimos años, cerca de 30 por ciento del combustible nuclear utilizado viene de reciclar el producido en los reactores grandes”, resumió.

Otros beneficios de los SMR
El titular del ININ compartió que los reactores pequeños, como los grandes, están pensados también para la generación de calor.
“Los de alta temperatura dan entre 800 y 1,200 grados centígrados y eso para la industria del petróleo es algo muy bueno”, indicó.
Algunos SMR en el mundo están proporcionando calor industrial para la elaboración de productos químicos y combustibles sintéticos, además de la extracción de petróleo en campos no convencionales, según la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, en inglés).
Otras aplicaciones permiten la producción de hidrógeno limpio a partir de la descomposición del agua a altas temperaturas. Asimismo, el proceso de enfriamiento de los reactores por medio de gas o con sales fundidas supera los 700 grados centígrados que puede satisfacer la demanda calorífica de las industrias pesadas.
“También desalinizan agua como un subproducto. Entonces, si es una zona de estrés hídrico, como La Paz, pongo un reactor pequeño y le doy agua potable [a la ciudad]”, agregó Palacios.
El ponente señaló que los centros de datos para la Inteligencia Artificial consumen un 20 o 30 por ciento más de energía de la que se requiere de ahora al 2030 en términos de capacidad instalada.
Cabe recordar que en los últimos años se ha planteado la posibilidad de instalar SMR en algunas partes del país. En el sexenio pasado, la Secretaría de Energía (Sener) consideró un reactor de este tipo en el estado de Sonora, aunque la idea no prosperó.
Otras propuestas más bien ciudadanas han ubicado como posibles puntos de instalación las Penínsulas de Baja California y de Yucatán, o los estados de Zacatecas y San Luis Potosí.
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