La reutilización de baterías de vehículos eléctricos (VE) en bancos de almacenamiento de energía se perfila como una alternativa para extender el valor de uso de estos sistemas antes de su etapa de reciclaje, siempre que existan procesos de evaluación técnica y criterios robustos de seguridad, consideró la empresa de electromovilidad VEMO.
De acuerdo con una reciente investigación realizado por la compañía junto con Recicla Electrónicos México (REMSA), algunas baterías que llegan al final de su vida “automotriz” todavía conservan capacidad remanente que puede permitir su integración en bancos de almacenamiento de energía, por ejemplo, para respaldos energéticos o para complementar proyectos con generación renovable.
“En términos generales, una batería puede considerarse candidata a segunda vida cuando ya no cumple con los requerimientos de desempeño de un VE, pero mantiene capacidad residual que puede ser útil en aplicaciones estacionarias”, apuntó este martes.
Al respecto, indicó que dicha capacidad residual a menudo puede ser del orden de entre 70 y 80 por ciento como referencia, aunque el umbral depende del historial de uso, química, diseño y condición real del sistema.
Del auto a la electrolinera
VEMO señaló que algunas baterías pueden reutilizarse para integrarse en Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS, en inglés), al reservar y proveer energía para diversos usos, incluso a electrolineras.
“Esto permitiría maximizar el uso de las baterías antes del reciclaje y así reducir su impacto ambiental”, manifestó.
En el documento “Gestión de baterías de vehículos eléctricos en América Latina”, VEMO y REMSA explican que un banco de almacenamiento de energía integra módulos/baterías, un sistema de conversión de potencia (por ejemplo, inversores/convertidores) e instrumentos de control/monitoreo para almacenar y entregar energía según la necesidad del sitio (por ejemplo, respaldo, gestión de demanda o integración con renovables, como energía solar o eólica).
Una de las aplicaciones más comunes de los sistemas de almacenamiento es el arbitraje energético: se recargan durante las horas de menor demanda —cuando la electricidad es más económica— y se utiliza esa energía en momentos de mayor costo.
En infraestructura de recarga y operación de flotas, estos esquemas pueden representar ahorros importantes, especialmente cuando la energía proviene de fuentes renovables.
Baterías en México
Cifras mostradas en el documento revelan que México es el segundo país de América Latina con mayor cantidad de automóviles eléctricos, con 39 mil 974 unidades, muy por debajo de Brasil con 170 mil 417.
En el segmento de autobuses, a 2022 en nuestro país circulaban unos 227. Brasil tenía 298.
Para el caso de los buses, el estudio estima un peso promedio del pack de baterías de 2 mil 500 kg (considerando una densidad energética para baterías de tipo LFP de 160 Wh/kg). Para el caso de los automóviles ese mismo valor ronda los 350 kg.
“Dicho esto, sabemos de antemano que al cabo de unos años (período de tiempo que depende del nivel de degradación e intensidad de uso de cada vehículo) habrá disponibles más de 92,000 toneladas de baterías para reciclar”, concluye.
De manera general, cuando una batería para la electromovilidad reduce su capacidad a aproximadamente 80 por ciento, puede ser canalizada para uso en BESS en sistemas de generación solar fotovoltaica y eólica. Al disminuir a un 30 por ciento se puede destinar a su reciclaje.

(Fuente: VEMO y REMSA)
Viabilidad técnica y seguridad: condición indispensable
Es importante subrayar que la reutilización no es automática ni universal. La viabilidad depende del estado de salud (SOH), la química, el diseño del pack y la capacidad de gestionar y monitorear el sistema de forma segura. En la práctica, habilitar segunda vida requiere trabajo técnico especializado para diagnóstico, integración y aseguramiento de parámetros de operación segura.
VEMO y REMSA subrayan la importancia de que la gestión de baterías al final de su vida y su eventual reutilización o reciclaje se realicen con manejo responsable y conforme al marco aplicable.
El documento reconoce que en México aún no existe una regulación específica para la disposición y reciclaje de las baterías de litio, aunque ya están incluidas como residuos especiales no peligrosos en la NOM-161. La identificación de si un residuo es peligroso, además, se aborda mediante la NOM-052-SEMARNAT-2005, y la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos (LGPGIR) establece obligaciones y criterios generales para el manejo integral de residuos, incluyendo disposiciones para almacenamiento y prevención de riesgos.
Hacia la economía circular energética
VEMO y REMSA expresaron que la reutilización de baterías para almacenamiento estacionario es esencial para un modelo más sostenible de gestión de recursos.
Según las dos firmas, cuando se implementa con criterios técnicos y de seguridad, la reutilización puede:
- Extender el ciclo de uso antes del reciclaje.
- Reducir presión de minerales críticos.
- Contribuir a reducir impactos asociados al ciclo de vida de la electromovilidad.
- Apostar por la economía circular y por sistemas de almacenamiento con baterías reutilizadas es, en definitiva, un camino hacia un futuro energético más eficiente, responsable y sostenible. En ese esfuerzo, el objetivo es claro: evitar que un activo con capacidad remanente se convierta prematuramente en residuo o termine bajo esquemas de manejo inadecuados. Extender su vida útil de forma segura y trazable permite capturar valor antes del reciclaje.
Por último, en el documento se aseguró que además de las baterías provenientes de vehículos eléctricos, existen otras fuentes potenciales de módulos reutilizables como scooters, bicicletas y motocicletas eléctricas, que abren oportunidades para integrar baterías obsoletas en sistemas estacionarios, siempre bajo criterios de seguridad, trazabilidad y cumplimiento.
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