El costo invisible de urbanizar sin escuchar a la electricidad
Un empresario encuentra una oportunidad que no puede dejar pasar. Un terreno amplio, todavía en breña, a un precio que parece una ganga. Está fuera de la mancha urbana, sí, pero justo ahí está el atractivo: margen, proyección, posibilidad. Los números preliminares funcionan, las maquetas se ven bien, el mercado parece responder. El proyecto empieza a tomar forma.
Todo avanza con normalidad hasta que, casi al final, surge una pregunta que rara vez encabeza la lista: ¿hay electricidad suficiente?
La respuesta no tarda y suele ser breve: no hay capacidad en la zona.
No es una escena excepcional ni una anécdota aislada. Es una situación que se repite con sorprendente regularidad y que marca el punto exacto en el que la realidad física alcanza a la lógica del desarrollo. La red no se equivoca; simplemente llega hasta donde puede.
Durante muchos años se asumió que la infraestructura acompañaría al crecimiento urbano. Primero se adquiría la tierra, luego se trazaban calles y, con el tiempo, los servicios llegarían. Ese orden funcionó mientras existió un colchón invisible: presupuesto público suficiente, expansión constante, una lógica social que aceptaba que no todo debía ser rentable y una paciencia institucional que hoy ya no existe.
Cuando hoy la red “no llega”, no está negando un trámite ni cerrando una puerta administrativa. Está describiendo un límite. Y los límites, a diferencia de los reglamentos, no se negocian.
Una red eléctrica no es una promesa ni un concepto abstracto. Es cobre, acero, transformadores, protecciones, mantenimiento y tiempo. Cada kilómetro adicional tiene un costo real. Cada ampliación arrastra consecuencias aguas arriba. Cada nuevo usuario se sostiene sobre decisiones tomadas décadas atrás, muchas de ellas pensadas bajo supuestos que hoy ya no aplican.
Durante largo tiempo, la expansión de la distribución eléctrica en zonas habitacionales no se diseñó para recuperarse financieramente. Se concibió como una respuesta social, no como un negocio. No fue un error: fue una decisión consciente, acorde a una época y a una visión de país. El problema surge cuando ese mismo modelo se intenta replicar hoy, en un sistema más cargado, más complejo y con márgenes mucho más estrechos.
Porque cuando un desarrollo se instala fuera de una zona técnicamente viable, el costo no desaparece. Siempre se desplaza. Lo absorbe la red existente, que se satura. Lo absorbe el presupuesto público, que se estira. Lo absorbe el sistema, que pierde resiliencia. O lo termina absorbiendo el propio proyecto cuando descubre que ya no es viable. Durante años, ese costo se socializó. Hoy, simplemente, ya no cabe.
El conflicto no está en la falta de energía. Está en el momento en que se pregunta por ella. La electricidad sigue tratándose como un detalle que se resuelve al final, cuando en realidad es una condición de origen. No es una opinión ni una intuición; es una realidad física que debe entenderse antes de comprometer tierra, capital y expectativas.
Una vivienda sin electricidad no es un retraso administrativo. Es la consecuencia de haber planteado el proyecto en el orden equivocado.
“Una vivienda sin electricidad no es un retraso administrativo. Es la consecuencia de haber planteado el proyecto en el orden equivocado”.
La red no castiga, no se venga ni bloquea por capricho. La red responde a lo que se le exige. Y cuando no llega, no está fallando: está diciendo algo que no se quiso escuchar a tiempo.
Tal vez ha llegado el momento de aceptar que la electricidad no siempre sigue al desarrollo. A veces, el desarrollo debería seguir a la electricidad. Ahí, y no después, es donde empieza la planeación real.
Y si algo de lo aquí expuesto resulta incómodo, no es por lo que se dice.
Es porque se parece demasiado a la realidad.
Las opiniones vertidas en la sección «Plumas al Debate» son responsabilidad exclusiva de quienes las emiten y no representan necesariamente la posición de Energía a Debate, su línea editorial ni la del Consejo Editorial, así como tampoco de Perceptia21 Energía. Energía a Debate es un espacio informativo y de opinión plural sobre los temas relativos al sector energético, abarcando sus distintos subsectores, políticas públicas, regulación, transparencia y rendición de cuentas, con la finalidad de contribuir a la construcción de una ciudadanía informada en asuntos energéticos.
Transporte y Logística
Tecnología e Innovación
Sustentabilidad
Responsabilidad Social
Crisis Climática
Pobreza Energética
Revista

Infografías
















