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La cuestión del gas

Por Raúl Monteforte Sánchez *

Plumas Invitadas por Plumas Invitadas
febrero 11, 2026
La cuestión del gas
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Panorama actual del gas natural

El gas natural preocupa y con razón. Hay conciencia generalizada del déficit gasero de México y bien se conocen ya algunas de las realidades contundentes del sector:

  • La dependencia de las importaciones provenientes de Estados Unidos es significativa: cerca del 70 % del gas natural consumido en México es importado, lo que equivale a 6.5 mil millones de pies cúbicos diarios (MMPCD) en promedio para un consumo total de 8.5 MMPCD en 2024, cifras que habrían aumentado en 2025.
  • El gas natural es crítico como energético para México y especialmente para la generación eléctrica: casi 60 % de la generación requiere de este recurso. La CFE es, de hecho, el mayor comprador individual de gas natural en el mundo.
  • La industria mexicana también depende crucialmente del gas natural, tanto para sus procesos de producción (térmicos o de materia prima) como para su propia generación eléctrica: este energético representa cerca del 80 % del consumo energético industrial.
  • El sector residencial lo usa crecientemente sobre todo en las zonas metropolitanas y en el norte del país, alternándose con el gas LP como satisfactor esencial.
  • Pemex no produce lo suficiente y cada día produce menos, con una caída de alrededor de 3.8 % entre 2018 y 2024, llegando a 3.8 MMPCD ese último año. Esto se complica con el aumento en la proporción de gas asociado –que requiere de procesamiento para poder usarse como gas natural seco– y una quema persistente del recurso en lo que se conoce como “gas flaring” estimada en 500 MMPCD en 2024, de acuerdo con reportes recientes de Mexico News Daily y Reuters.

Este panorama, por sí solo, se revela muy difícil para el desarrollo energético del país.

Diagnóstico y enfoque objetivo

Ante tal situación, es oportuno intentar analizar el problema objetivamente, evitando decisiones apresuradas que suelen ser contraproducentes. Tristemente, el debate energético en México ha estado marcado por disputas ideológicas estériles durante décadas, repitiéndose argumentos y propuestas desde los años setenta. Hoy no puede decirse que se ha avanzado en la solución de los problemas de fondo ni menos suponerse que se ha logrado “rescatar” a las empresas estatales, ya que tanto Pemex como CFE son ahora mismo enfermos en terapia intensiva.

“Tristemente, el debate energético en México ha estado marcado por disputas ideológicas estériles durante décadas, repitiéndose argumentos y propuestas desde los años setenta”.

El hecho es que México no ha logrado desarrollar un sistema energético diversificado, eficiente y sustentable, con infraestructura de cobertura nacional, renovada y segura, ni ha conseguido agregar sostenidamente más valor a partir de los encadenamientos energéticos en la economía. Por cierto, tampoco ha logrado reducir la contaminación ambiental generada por la producción y el consumo ineficientes del petróleo y sus derivados.

¿Cómo romper este círculo vicioso? A pesar de la complejidad del reto, para lograr un mejor entendimiento de las opciones reales, en un primer esfuerzo, es posible empezar por enfocar nuestro análisis en algunos datos fríos y en ciertos referentes ostensibles en el sector del gas natural.

Dependencia estructural de las importaciones

La dependencia de México respecto a Estados Unidos para el suministro de gas natural se volvió estructural y responde principalmente a cuatro factores:

  • Desde la década de los 90 se impulsó y consolidó la gasificación del sistema energético de manera consistente, con base en las mayores ventajas económicas y ambientales del gas natural. Sin embargo, las reformas de gas se limitaron al “downstream” y la orientación de las inversiones en exploración y producción se centró en el petróleo crudo, obteniéndose gas natural principalmente como subproducto asociado con poco valor y mucha complicación de acondicionamiento y manejo.
  • El cierre a la participación del sector privado en la exploración y producción de hidrocarburos (el “upstream”) a partir de 2018 dejó el financiamiento exclusivamente en manos del Estado, cuyos recursos son limitados, o del endeudamiento, mientras que la responsabilidad productiva recayó exclusivamente en Pemex, quien enfrenta serias limitaciones financieras, organizativas y de eficiencia. Esto ha resultado en una caída constante tanto de la producción diaria de petróleo como de las propias reservas probadas, una disminución de la inversión en infraestructura y en su mantenimiento, retrasos en proyectos clave y una menor capacidad para responder a la demanda energética interna.
  • La infraestructura para extraer, procesar, almacenar y transportar gas natural de producción nacional no se ha renovado ni ampliado lo suficiente.
  • En contraste, la infraestructura de ductos interconectados con Estados Unidos se fortaleció permitiendo el acceso a vastas reservas de gas natural en ese país y a los precios más bajos del mundo.

Factores geopolíticos y riesgos

La preocupación en torno a la dependencia se ha intensificado por razones políticas y geopolíticas, más que económicas. Existe el temor de que, ante el actual liderazgo estadounidense –errático sobremanera–, el gas natural pueda ser utilizado como herramienta de presión política o comercial. Sin embargo, la viabilidad de un “cierre de la válvula” para México por estas razones no es tan clara. Actualmente, México importa 7.5 BCFD de gas natural desde Texas (el 75 % del consumo total), también desde otras cuencas interconectadas y, en menor medida, de gas natural licuado por terminales marítimas.

El gas natural que importa México es mayormente producto del “fracking” en las zonas productoras del sur y oeste de Texas, operación que le da vida al negocio del petróleo crudo y los líquidos del gas, siendo el gas importado profundamente procesado (ya casi 90 % metano). Por lo tanto, “cerrar la válvula” del gas natural implicaría reducir la disponibilidad de crudo, condensados y líquidos del gas en pozos productivos, que son productos clave para las empresas petroleras estadounidenses, o bien ventear o quemar el metano después de su proceso, lo que tendría un impacto ambiental incalculable y posiblemente consecuencias legales y regulatorias para esas empresas. La capacidad de transporte para evacuar el gas seco hacia el este de las cuencas sigue siendo limitada, siendo más eficiente –y rentable– exportarlo hacia México.

Adicionalmente, la magnitud de las compras mexicanas de gas natural representa importantes ingresos para las principales productoras estadounidenses, quienes además han tenido peso político muy relevante en la administración trumpista. Si asumimos un precio promedio del gas natural en Texas de US$ 3.5/ MMBtu, las compras de México representarían casi diez mil millones de dólares al año de ingresos para las empresas productoras y comercializadoras. Cabe mencionar que entre los principales vendedores están Exxon Mobile, Occidental Petroleum, Conoco-Phillips, EOG, Devon, con Cheniere y Sempra por el lado del GNL, mismas compañías que se reconoce habrían apoyado al actual presidente de Estados Unidos.

Ante este complejo juego de variables, la relación energética entre ambos países aparece más como una interdependencia, donde una interrupción en el flujo y comercio de gas natural afectaría a todos los actores involucrados.

Un último factor de incertidumbre es el ambiental y ese sí que puede ser una causa cierta de cierre del suministro. En los últimos años, los efectos climáticos han ocasionado restricciones en el suministro de gas natural, impactando tanto a México como a Estados Unidos. En algunos casos, como fue el llamado “Texas Freeze” en 2021, México logró mitigar apenas las afectaciones gracias a cierta capacidad de almacenamiento que se había contratado en Texas y que pudo soportar parcialmente el flujo diario requerido, complementando al empaque de los propios ductos troncales de importación. El resto del balance, sin embargo, tuvo que ser cubierto con gas nacional, GNL importado, combustóleo y diésel, así como cierres o reducciones productivas en la planta industrial, todo a un costo, suponemos, muy considerable.

“Un último factor de incertidumbre es el ambiental y ese sí que puede ser una causa cierta de cierre del suministro”.

Recientemente, nuevamente se enfrenta una situación climática de alto riesgo por las mega tormentas invernales de enero y febrero del presente año. Aún están por verse sus efectos en la producción de gas natural en los Estados Unidos, pero ya el precio referencial de Henry Hub se triplicó en cuestión de días acercándose a los $6.00/MMBtu en la semana del 26 de enero.

Retos en la sustitución de importaciones

La solución de reemplazar las importaciones de gas natural por producción nacional requiere tiempo e inversiones de gran magnitud y no es realista suponer que se puede llegar a la autosuficiencia, ni a mediano plazo.

Para aumentar la recuperación de gas asociado, es necesario incrementar la producción de petróleo, expandir la capacidad de separación, procesamiento y transporte, y llevar el gas procesado hasta los puntos de entrega. Si se busca explotar nuevas reservas, se requiere ampliar la exploración, desarrollar pozos en yacimientos complejos (que suelen requerir fracking) y construir una vasta infraestructura nueva para acceso, transporte, acondicionamiento y almacenamiento, tanto en las áreas maduras productoras (donde la infraestructura ya es vieja y en demanda de mucho mantenimiento), como en las nuevas áreas. El anuncio reciente de un megacontrato mixto a Grupo Carso en el área de Macavil solo ilustra la magnitud del reto: se menciona una inversión de casi dos mil millones de dólares con el objetivo de lograr una producción máxima de 393 MMPCD hasta 2045, es decir cinco dólares por unidad y 20 años para la meta, lo que es al mismo tiempo elevado y prolongado.

Se estima que duplicar la producción nacional incorporando 4 MMMPCD (o “BCF”) y reducir las importaciones a la mitad demandaría inversiones de aproximadamente treinta mil millones de dólares en un periodo de al menos diez años. Esto deja claro que no existen soluciones fáciles ni soberanía energética absoluta, o como decía el célebre investigador norteamericano Amory Lovins, en materia energética “there never is such a thing as a free lunch”.

Una implicación clara de lo anterior es que cada millar de pie cúbico de gas natural sustitutivo de importaciones será más caro que el importado desde Texas, a menos que se piense soportar dicha sustitución con subsidios, lo que es ilusorio. Consecuentemente, ante el esfuerzo de sustituir importaciones la economía nacional deberá absorber un costo más alto por el gas natural; este impacto será mayor cuanto más grande sea la proporción del gas natural en los consumos sectoriales (como en las industrias acereras, cementeras, papeleras, vidrieras y en general procesadoras de materiales), pero es indudable que el impacto específico en el sector eléctrico (que depende en 60 % de este combustible) repercutiría en toda la economía por la ubicuidad de la electricidad en el uso energético: pretender cubrir con subsidios el incremento en el costo de combustible para la generación eléctrica sería insostenible.

El Trilema Energético de México y la opcionalidad posible del gas

El trilema energético, término introducido por el Consejo Mundial de Energía hace más de una década, plantea el desafío de equilibrar tres pilares fundamentales: la seguridad energética, la equidad energética y la sustentabilidad ambiental. Esta perspectiva reconoce que cualquier política o estrategia energética debe considerar simultáneamente la garantía de suministro confiable, el acceso justo y asequible a la energía, y la reducción del impacto ambiental negativo.

En el contexto mexicano, el problema del gas natural está íntimamente ligado a este trilema. La dependencia de las importaciones de gas desde Estados Unidos, los retos para sustituirlas por producción nacional y los riesgos asociados a factores climáticos y ambientales han colocado a México en la necesidad de abordar el tema con una visión integral que articule estrategias y políticas coherentes y multidimensionales y abarque el corto, el mediano y el largo plazos, con participación amplia de capital público y privado.

Esto implica trabajar de manera coordinada en diferentes niveles, considerando tanto la diversificación de fuentes de suministro y la confiabilidad de un sistema energético flexible, como el fortalecimiento de alianzas comerciales, la mejora y preservación de la infraestructura y la regulación adecuada del mercado. Solo así será posible avanzar hacia un sistema energético que responda a las necesidades de seguridad, equidad y sustentabilidad que demanda México.

Veamos ahora distintas opciones que se le presentan al país en este contexto.

Alianzas comerciales y optimización de contratos

Primeramente, en lugar de verlo como una maldición y actuar precipitadamente, México puede extraer pleno provecho del gas natural importado. Este gas es mucho más barato que cualquier combinación de suministro nacional y resulta inmediatamente accesible por largo tiempo. Mientras haya, hay que tomarlo independientemente de los riesgos y administrar mejor el desarrollo de la producción propia. Una curva menos exigente para la incorporación de reservas nacionales hará más factible su financiamiento y más eficiente y selectiva la asignación de recursos para su integración a la oferta nacional.

“Una curva menos exigente para la incorporación de reservas nacionales hará más factible su financiamiento y más eficiente y selectiva la asignación de recursos para su integración a la oferta nacional”.

Para lograr esta gestión de tiempo y recursos y lograr un balance más ventajoso de suministro nacional e importado, es preciso construir una relación de negocios mucho más sólida y coordinada con los productores y suministradores estadounidenses. Así como las alianzas en las industrias integradas al TMEC demuestran su valía, teniendo a las contrapartes americanas como promotores y defensores del Tratado, se deben reforzar las redes comerciales y de colaboración con las empresas energéticas norteamericanas involucradas en las importaciones mexicanas de gas natural (lo que de hecho es aplicable a todas las importaciones estratégicas). Incluso, debe volver a plantearse la posibilidad de tener posiciones en la propia producción y proceso dentro de Estados Unidos.

La estructuración de los contratos de suministro debe balancear el corto plazo, con el mediano y largo plazo. Con ello, se multiplicarían las opciones para cubrir picos de demanda o indisponibilidad de otras fuentes, al tiempo que se afirma el abasto para la demanda base e intermedia con temporalidad extendida. Estos arreglos pueden consolidarse con una mayor gama de productores y suministradores, tanto directamente en las zonas productoras como en los puntos más líquidos del mercado gasista (o “hubs”). Igualmente que con la molécula, es necesario estratificar óptimamente la utilización y el aseguramiento de capacidad de transporte y almacenamiento en la propia Unión Americana, haciendo el mejor uso de todas las modalidades contractuales disponibles, en una combinación planeada estratégicamente que balancee los servicios en base firme, firme flexible, interrumpible, horaria intra-día, “peak shaving”, balanceo y gestión de flujos, así como almacenamiento en ducto y en sitio. Se entiende que estas acciones abarcan desde luego la utilización de coberturas y seguros para los precios y suministros físicos.

Re-regulación del mercado gasista

La estrategia anterior tendría poco valor y alcance si la CFE y Pemex monopolizan la importación del gas natural. Se hace necesario replantear la desregulación total de la compraventa y la importación de gas natural en el país, así como reconfigurar la regulación de su transporte y almacenamiento. Solo bajo una nueva estructura de mercado y alta interconectividad podría lograrse que entre todos los principales usuarios, transportistas y distribuidores de gas natural se asegure una amplia cobertura y variedad contractual, tanto en los puntos de venta desregulados en México (puntos de inyección a ductos y cruces fronterizos), como en Estados Unidos e incluso globalmente con los suministradores de GNL, todo ello condición necesaria pero aún insuficiente para resolver el trilema específicamente gasista del país.

“Se hace necesario replantear la desregulación total de la compraventa y la importación de gas natural en el país, así como reconfigurar la regulación de su transporte y almacenamiento”.

Modelo de Producción Flexible de Gas Nacional

Es posible diseñar un sistema productivo de gas nacional con mayor flexibilidad. Priorizando el mayor provecho en la adquisición de la molécula, es claro que el gas nacional –especialmente en el corto y hasta el mediano plazo– podría cubrir dos bandas principales: una firme limitada y otra flexible. Los límites de la primera están condicionados directamente por la recuperación y procesamiento del gas asociado al petróleo –el gas recuperado en plataformas formaría parte de este inventario.

La segunda banda, la flexible, puede materializarse con la incorporación de gas de esquisto proveniente de las nuevas áreas de producción en Burgos, Sabinas y Burgos-Picacho en el norte del país. Incluso una parte del gas húmedo que se haga disponible en las zonas no convencionales de Veracruz (como el Paleocanal de Chicontepec) puede administrarse bajo un modelo de producción flexible.

Básicamente, el Modelo de Producción Flexible es un sistema inteligente que cubriría la demanda intermedia y pico, en forma diaria y estacional, y que mitigaría las posibles interrupciones o reducciones en la disponibilidad del gas importado. Se entiende, pues, que el gas importado estaría destinado a cubrir, en primer lugar, la demanda firme del sistema, tanto la eléctrica como la industrial y que un modelo de producción flexible de gas natural requiere de una capacidad muy significativa de almacenamiento. Si en Europa la norma es 30 días de cobertura, ello implica desarrollar más de 200 BCF de almacenamiento subterráneo y en tanque en México.

Abatimiento de la quema de gas en mecheros (flaring)

Quemar el gas en plataformas y enviar las emisiones a la atmósfera constituye un enorme desperdicio y un grave perjuicio para el país y para el planeta. Es una acción totalmente irracional y antieconómica.

Empero, es técnica y económicamente factible abatir el flaring. Las opciones en práctica incluyen la recuperación mejorada, la reinyección a yacimientos, la generación distribuida, la mejora y ampliación de la infraestructura de transporte y proceso y la operación inteligente. Hay numerosos casos de éxito en el mundo del petróleo y el gas que demuestran la efectividad de toda una gama de opciones de captura y aprovechamiento del gas asociado. En el caso del Golfo de Campeche, en donde se concentra la mayor quema improductiva del gas nacional, la contratación de unidades FPSO (Floating Production, Storage and Offloading) es totalmente justificada dada la escala del flaring y su disposición geográfica. Estas unidades pueden contratarse para recuperar el gas asociado mediante raisers múltiples, separarlo, procesarlo y almacenarlo como GNL y enviarlo a instalaciones de almacenamiento y regasificación en tierra, bajo un esquema de servicios o de producción compartida cuyo costo forme parte de la ecuación de precios.

Seguridad y mantenimiento

Las instalaciones energéticas tienen grado de seguridad nacional y por ende deben estar fuertemente protegidas. El Gobierno Mexicano debe considerar la adquisición y despliegue de armamento defensivo (ciertamente no de Estados Unidos) en instalaciones críticas de producción, almacenamiento y transporte de hidrocarburos y energía eléctrica. Lo anterior va más allá de lo acostumbrado hasta ahora: ya es hora de abatir el robo de combustibles y la piratería marítima con fuerza militar y equiparse con sistemas portables de defensa aérea (o “MANPADS”), drones y misiles tipo Exocet y ciertamente ya es alta hora de jubilar los aviones Northrop F-15 que sólo aparecen en los desfiles del 16 de septiembre.

Por la parte del mantenimiento, éste debe ser un objetivo prioritario, reconfigurarse y reforzarse en todas las instalaciones de producción, transporte y almacenamiento de hidrocarburos bajo los enfoques más avanzados hoy día basados en digitalización e inteligencia artificial, de forma que se obtenga la seguridad operativa máxima y la mayor disponibilidad. Las carencias de mantenimiento en las infraestructuras de Pemex y de CFE son bien conocidas y han llegado a límites intolerables con ineficiencias, fugas, explosiones y paros que generan gran afectación a la disponibilidad de energía y la confiabilidad de los sistemas. Es imperativo transformar esa filosofía de operación en donde el mantenimiento siempre resulta ser la primera víctima del recorte de costos, ignorando que la integridad de los activos es el núcleo de un sistema confiable y disponible en el que, además, se protege la vida, la tierra, el agua y la propiedad.

“Las carencias de mantenimiento en las infraestructuras de Pemex y de CFE son bien conocidas y han llegado a límites intolerables”.

Diversificación energética: energía solar, transporte eléctrico y eficiencia

Sobre estas categorías y su papel relevante específicamente en el ahorro sustitutivo de gas natural, se puede decir muchísimo.

No es exagerado acometer el desarrollo de al menos 30 GW de capacidad fotovoltaica en México, tanto interconectada a una red eléctrica renovada e inteligente, como bajo generación distribuida (por ejemplo, en parques industriales y centros de proceso de datos). México tiene un potencial enorme para energía solar a lo largo de la costa del Pacífico y en amplias zonas del norte y el altiplano. El potencial sustitutivo de la energía solar versus el consumo de gas natural importado es indudablemente mayor que la sustitución con gas nacional.

México tiene todo para ser una potencia mundial en energía solar y la idea de que la “intermitencia” impide su factibilidad es más un prejuicio interesado que una realidad técnica: en primer lugar porque la energía solar en un país con alta incidencia como México es más bien circadiana y estacional que meramente “intermitente”, es por lo tanto manejable en un sistema inteligente de despacho; y en segundo lugar, porque el perfil de disponibilidad de energía solar lo que requiere es una red de transmisión perfeccionada e inteligente, que gestione la carga óptimamente según el perfil de la demanda y las características y disponibilidad de todas las fuentes interconectadas. Una red obsoleta, débil y estólida jamás podrá lograr esto, con ninguna combinación de generadores.

Por la parte del transporte, en particular del transporte público y de carga, éste debe reconfigurarse aceleradamente hacia la electrificación como único camino. Aunque no directamente relacionado con el gas natural, la eliminación del diesel y las gasolinas en el transporte reducirá la presión sobre la extracción de hidrocarburos y, por lo tanto, la necesidad de recuperar y procesar cantidades crecientes de gas asociado.

Finalmente, el ahorro y uso eficiente del gas natural -como de todas las formas de energía- es un recurso inminente y de gran valía. Tiene impacto sustitutivo inmediato y mediato a lo largo de una prolongada curva de factibilidad y es un generador de innovación tecnológica y productividad que debe estar en la base de la reconversión industrial del siglo XXI.

El Paradigma Petroquímico

Es oportuno finalizar con algunas reflexiones sobre la petroquímica y el gas natural. México ha cultivado el paradigma petroquímico desde siempre: producir gas nacional y desarrollar asociadamente la petroquímica. A los ojos de muchos analistas y tomadores de decisiones, esto debe ser axiomático, lo más lógico y codiciable.

Pero no hay una solución fácil en este tema. Críticamente, es la hora de abordar un grande y muy complejo problema: la industria petroquímica ha generado y genera una contaminación extraordinaria y de amplia diseminación. Hay pocos estudios de salud pública sobre los contaminantes petroquímicos en México, pero su malignidad es un hecho documentado.1 Contaminantes excepcionalmente dañinos alcanzan poblaciones no sólo aledañas a los complejos petroquímicos, sino por todo el país, relacionados con la dispersión y contacto con los llamados BTEX (benceno, tolueno, etilbenceno y xileno), el óxido de etileno, el formaldehído, el cloruro de vinilo, el tricloroetileno y los llamados “forever chemicals” o PFAS (per y polifluoroalkiles). La evidencia mundial es impactante demostrando su incidencia en cáncer, malformaciones, enfermedades neurológicas y múltiples enfermedades metabólicas. En Estados Unidos y en Europa, las mediciones en humanos demuestran la existencia de altas concentraciones de nanoplásticos en los tejidos de todos los órganos vitales del cuerpo y esta gravísima contaminación seguramente ya está presente en toda la especie humana.

¿Qué hacer con los plásticos y todos estos contaminantes? La industria petroquímica y el mundo plástico están lejos de ser idílicos y estamos ya en la última hora de cuestionar si el costo vale la pena. El gas natural sólo puede ser un puente para superar lo peor de la era del petróleo y diversificar el sistema energético global, lo que parece ser ahora una condición necesaria de supervivencia humana.


Nota:

  1. Uno muy serio y riguroso es: A. Martínez Toledo y M. Cuevas Díaz, “Producción de BTX en México: usos, toxicología y análisis”, Revista Académica de Investigación, Facultad de Ingeniería, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2011. ↩︎

*/ El doctor Monteforte ha trabajado cuarenta años en los sectores de energía y medio ambiente, tanto en los sectores público y privado, así como en la academia y en organismos internacionales.

Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y obtuvo una Maestría en Ciencias en la Universidad de Sussex, Inglaterra, con especialidad en Ingeniería y Economía Energética. Recibió su Doctorado en el Instituto de Estudios del Desarrollo de esa misma universidad británica.

Fue Comisionado de la Comisión Reguladora de Energía de 1996 a 2006, coordinando el transporte de gas natural y de gas LP por ducto, entre otras responsabilidades, y posteriormente fue presidente del Consejo Consultivo de Normalización de Gas Natural y Gas LP por Ducto. Desarrolló relaciones institucionales con la FERC y la Texas Railroad Commission de EE. UU., la NEB de Canada y los órganos reguladores europeos y latinoamericanos.

Se desempeñó como Coordinador de Asesores del Subsecretario de Desarrollo de Energía en la extinta SEMIP, donde supervisó los Consejos de Administración de Pemex y CFE, además de los planes de desarrollo y programas del sector energético.

En la parte privada ha sido consultor y desarrollador de numerosos proyectos energéticos y ambientales a nivel nacional e internacional para el Instituto Nacional de Ecología de la entonces SEDUE, la CEPAL, la ONUDI y el BCIE, en Centro y Sudamérica y en Japón. Asimismo, ocupó la Dirección Corporativa de Desarrollo de Fermaca (hoy Esentia Energy Systems).

En 2024 se retiró y está dedicado a atender sus negocios personales y de consultoría.

Las opiniones vertidas en la sección «Plumas al Debate» son responsabilidad exclusiva de quienes las emiten y no representan necesariamente la posición de Energía a Debate, su línea editorial ni la del Consejo Editorial, así como tampoco de Perceptia21 Energía. Energía a Debate es un espacio informativo y de opinión plural sobre los temas relativos al sector energético, abarcando sus distintos subsectores, políticas públicas, regulación, transparencia y rendición de cuentas, con la finalidad de contribuir a la construcción de una ciudadanía informada en asuntos energéticos.

Tags: ductoselectricidadflaringfrackinggas natural
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