La transición energética entra en una etapa decisiva: pasar de anuncios a resultados. Tres fuerzas marcan el ritmo: la competencia industrial por tecnologías limpias, la resiliencia como prioridad y el salto en demanda eléctrica impulsado por digitalización y electromovilidad. El éxito ya no se mide por gigavatios instalados, sino por energía firme entregada con confiabilidad y costo estable.
Redes y flexibilidad: el nuevo cuello de botella
La década estará definida por la capacidad de las redes para integrar renovables. Se requieren inversiones en transmisión, automatización y almacenamiento de distintas duraciones, junto con mercados que remuneren flexibilidad. Cada dólar debe traducirse en MWh útiles, no solo en MW instalados. Contratos más dinámicos y reglas claras para servicios complementarios serán esenciales.
Renovables: del crecimiento a la integración
La expansión solar y eólica continúa, pero el valor depende de reducir curtailment y garantizar firmeza. El reto es pasar de instalar capacidad a optimizar su entrega: planificación conjunta, almacenamiento y operación digital para convertir perfiles intermitentes en energía confiable.
IA y centros de datos: nueva presión sobre la infraestructura
La demanda asociada a inteligencia artificial y computación intensiva redefine la planificación. Los países que compiten por atraer inversión digital deberán ofrecer potencia limpia y estable, tiempos de conexión cortos y esquemas que incentiven la flexibilidad de grandes cargas.
Hidrógeno: selectividad y demanda ancla
El hidrógeno verde avanza hacia proyectos con demanda local clara: sustitución de amoníaco, acero verde y combustibles marítimos. La clave está en hubs industriales, contratos de largo plazo y esquemas financieros que reduzcan el costo de capital.
América Latina: ventaja y desafío
La región parte con una matriz eléctrica limpia y recursos estratégicos como litio y cobre. Sin embargo, enfrenta cuellos de transmisión, costos financieros altos y marcos regulatorios heterogéneos. La oportunidad está en interconexiones regionales, industrialización de cadenas y desarrollo de mercados de flexibilidad.
Checklist para acelerar la transición
- Modernizar permisos y priorizar corredores críticos de transmisión.
- Escalar almacenamiento y respuesta de demanda con reglas claras.
- Implementar contratos flexibles y mecanismos que remuneren servicios de sistema.
- Movilizar financiamiento innovador y reducir riesgos regulatorios.
- Formar talento en operación digital, ciberseguridad y analítica.
Conclusión:
América Latina tiene condiciones para liderar, pero la diferencia estará en la ejecución: convertir renovables en energía firme, monetizar flexibilidad y alinear demanda con inversión en moléculas limpias. La transición no será solo tecnológica, sino estratégica y financiera.

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*/ Janet Elorza es Directora de Comunicaciones y Marketing en Women’s Energy Network. Con más de 17 años de experiencia en estrategia, análisis y desarrollo de negocios en el sector energético e industrial, ha contribuido al impulso de iniciativas de transición energética, sostenibilidad y alineación ESG en América Latina. Su trayectoria destaca por integrar inteligencia sectorial, innovación y visión estratégica para fortalecer la evolución del sector energético y sus cadenas de valor..
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