En su reporte Electricity 2025, la Agencia Internacional de Energía concluye que el mundo ha entrado en una “Nueva Era de la Electricidad”, caracterizada por un crecimiento de la demanda más rápido que en cualquier otro momento de la última década, impulsado por electrificación del transporte y de la calefacción (en bombas de calor), y de la creciente demanda del aire acondicionado (AC) y los centros de datos. Esto se manifiesta en tasas de crecimiento anuales superiores al 4 %, muy superiores al promedio histórico (2.7 % entre 2010–2023).
Aun cuando la propia IEA identifica al AC como el mayor impulsor del crecimiento, la discusión sobre la presión al sistema eléctrico se asocia más a la intensificación del uso de Inteligencia Artificial y la velocidad de la expansión de centros de datos, que es mayor a la del desarrollo de nueva infraestructura de generación y transmisión de las empresas eléctricas que sirven las zonas de servicio donde se ubican y, en su caso, de redes de transmisión que permiten intercambiar energía y potencia entre las empresas.
“…la discusión sobre la presión al sistema eléctrico se asocia más a la intensificación del uso de Inteligencia Artificial y la velocidad de la expansión de centros de datos”.
En la práctica tradicional de integración de nuevas plantas de generación o cargas mayores, las empresas eléctricas tienen que llevar a cabo estudios para asegurarse que la operación de la nueva instalación no afecte el equilibrio entre oferta y demanda el 100 % del tiempo ante variaciones rápidas, incertidumbre o eventos inesperados, manteniendo la frecuencia y el voltaje dentro de límites seguros.
Estos estudios pueden llevar a la conclusión de que la nueva demanda no requiere de nueva infraestructura, pero muchas veces la nueva infraestructura es necesaria y los períodos de espera para poder integrarse a la red pueden ser de varios años, además de presionar al alza a las tarifas de servicio eléctrico, lo cual es una (de varias) de las razones de la creciente oposición a la construcción de nuevos centros de datos, más en estos tiempos de inflación generalizada.
Esto ocurre tras varios años de cambios en la gestión de la red eléctrica empujados por la creciente integración de generación intermitente, en particular la eólica y la solar, para aprovechar lo más posible esa generación, manteniendo la seguridad y estabilidad de la red. Sin embargo, ha sido la aparición del almacenamiento eléctrico que ha cambiado el panorama para el aprovechamiento de la generación con renovables (que han seguido aumentando su peso en la generación total) y ha traído consigo nuevas posibilidades a las formas de funcionamiento de las redes eléctricas.
Precisamente, Chris Shelton, un ejecutivo de empresa eléctrica que logró el primer contrato para una instalación de almacenamiento eléctrico de 100 MW (Alamitos BESS) en lugar de una planta de gas para operar en pico, ahora encabeza una iniciativa que lleva a permitir la ampliación del servicio eléctrico sin la necesidad de reforzar la infraestructura actual de las empresas eléctricas, esto aprovechando un hecho que no está a discusión: que la red eléctrica solo es exigida al 100 % solo el 1 % del tiempo.
En este sentido, se promueve lo que se ha nombrado como Grid 2.0, un estándar abierto que permite acceder, asignar y compartir servicios de red de manera automatizada, voluntaria y compatible con la infraestructura eléctrica existente y que tiene como elemento central a la flexibilidad de carga (la capacidad del sistema eléctrico para responder a variabilidad e incertidumbre ajustando generación, demanda o almacenamiento en múltiples escalas de tiempo, manteniendo frecuencia, voltaje y seguridad operativa) que puede liberar gran capacidad en la red sin necesidad de construir nueva infraestructura.
Específicamente, esto permite que cargas enormes, al ser integradas como recurso sujeto a despacho, se puedan conectar aun cuando la red no tenga capacidad firme suficiente, evitando las largas esperas y grandes inversiones para que la red esté preparada para integrarlas el 100 % del tiempo.
La forma en que instalaciones como los centros de datos, que operan de manera continua prácticamente el 100 % del tiempo, funcionen de manera ininterrumpida incluye el que, por su cuenta, asociados a grupos de instalaciones o a través de terceros, aseguren recursos de demanda controlable (que se pueden agregar de muchas instalaciones pequeñas y medianas a través de intermediarios), almacenamiento eléctrico y, en su caso, energía solar in situ, para reducir, en el 1 % del tiempo en que la red está a su máxima capacidad, la carga que esa instalación representa a la red eléctrica.
Estos esquemas, que se pueden establecer y poner en funcionamiento en períodos cercanos a seis meses, permiten, inclusive, que las tarifas a las que están sujetos los usuarios de las empresas eléctricas se mantengan sin aumento.
(Lea la primera parte de esta entrega aquí)
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