La reformulación de la expansión de la red de transmisión en México
En septiembre de 2025 publiqué en este espacio un análisis técnico a partir de un anuncio que fue presentado por SENER con amplitud mediática: una inversión de 8,177 millones de dólares para construir 275 líneas de transmisión y 524 obras en subestaciones eléctricas. El planteamiento no era menor. Tampoco lo era la pregunta. ¿Es posible desarrollar esa escala de infraestructura con ese nivel de inversión? El ejercicio que se presentó entonces no partía de opiniones, sino de criterios básicos de ingeniería de sistemas eléctricos: costos unitarios internacionales, tipologías de infraestructura, niveles de tensión, requerimientos de integración y estudios eléctricos indispensables (flujo de potencia, cortocircuito, estabilidad). La conclusión fue directa: esa combinación de alcance físico y presupuesto no resultaba consistente. Bajo supuestos razonables, un programa de esa magnitud requeriría del orden de 40 a 50 mil millones de dólares, salvo que se estuvieran incluyendo obras de menor nivel de tensión —subtransmisión o distribución— bajo una misma narrativa de expansión de transmisión. Durante meses, esa diferencia permaneció como un contraste técnico no resuelto en el discurso público.
El nuevo planteamiento
En abril de 2026, la directora general de la CFE anunció que la empresa requerirá 30 mil millones de dólares al 2030 para desarrollar 58 proyectos, que en conjunto representan 138 líneas de transmisión y 249 subestaciones eléctricas. Más allá del anuncio en sí, lo relevante es lo que implica. El nuevo planteamiento reduce de forma significativa la escala física previamente difundida: De 275 a 138 líneas y de 524 a 249 subestaciones. Al mismo tiempo, incrementa el monto de inversión en casi cuatro veces respecto al anuncio original.
El contraste técnico
Este ajuste no es un detalle menor ni una simple actualización administrativa. Es, en términos estrictos, una reconfiguración de la relación entre alcance e inversión. Primero, porque la reducción de obras no es marginal: es del orden de 50 % en ambos componentes principales del sistema. Segundo, porque el nuevo monto —30 mil millones de dólares— se ubica en un rango mucho más cercano a los órdenes de magnitud que, desde la ingeniería, se requieren para expandir infraestructura de transmisión en niveles de tensión relevantes (230 kV, 400 kV). Tercero, porque el nuevo planteamiento elimina, en los hechos, la inconsistencia central del anuncio original: la idea de que un presupuesto limitado podría traducirse en una expansión masiva sin comprometer la naturaleza de las obras. Dicho de otra forma: el problema no era de intención, sino de escala.
Lo que revela la reformulación
La evolución del planteamiento no debe interpretarse como una contradicción explícita. No hay una rectificación formal. No hay una nota aclaratoria. Pero sí hay un cambio relevante en la manera en que se presenta el programa. Pasar de un esquema de alto volumen de obras con presupuesto acotado a uno de menor alcance físico con una inversión sustancialmente mayor acerca el planteamiento a condiciones más consistentes desde el punto de vista técnico. Más aún, confirma un principio fundamental en la planeación eléctrica: La infraestructura de transmisión no es escalable por narrativa, sino por restricciones físicas, económicas y topológicas. Cada línea requiere derechos de vía, estudios ambientales, ingeniería de detalle, logística de construcción y sincronización con el resto del sistema. Cada subestación implica transformadores de potencia, bahías, protecciones, sistemas de control y coordinación con la red existente. Nada de eso es marginal. Nada de eso es intercambiable.
Lo que permanece intacto
El fondo del análisis original no cambia. El número de obras sigue siendo una métrica incompleta si no se acompaña de nivel de tensión, capacidad instalada, ubicación en la red y función sistémica. Una subestación de 400/230 kV no es equivalente a una de 115/13.8 kV. Una línea troncal no es comparable con una línea de distribución. Agruparlas bajo una misma categoría puede multiplicar cifras, pero no necesariamente refleja una expansión equivalente en términos de robustez del sistema.
Cierre
Los sistemas eléctricos no responden a declaraciones. Responden a leyes físicas, a restricciones operativas y a costos verificables. Por eso, cuando una propuesta no logra alinear alcance e inversión, la propia implementación tiende a ajustarla. No como una corrección declarada, sino como una consecuencia natural de operar dentro de los límites reales del sistema. Y en ese proceso, las cifras —finalmente— encuentran su escala.
“Los sistemas eléctricos no responden a declaraciones. Responden a leyes físicas, a restricciones operativas y a costos verificables”.
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