Recientemente escribí sobre la crisis que se está desatando en el mercado global del diésel. Los precios se han elevado tanto que el combustible se desacopló del petróleo crudo y actualmente se cotiza alrededor de los 200 dólares por barril, un nivel que hace unos meses habría sido equivalente a tener un Brent cercano a 180 dólares. El resultado ha sido un aumento importante de los precios, menores inventarios y restricciones crecientes sobre el comercio mundial del combustible. En Europa el diésel llegó esta semana a alrededor de 210 dólares por barril, mientras los márgenes de refinación alcanzaron niveles récord.
Atinadamente, un amigo me señaló algo que dejé fuera: México tiene una importante capacidad instalada de generación que funciona con diésel como combustible primario o secundario, principalmente piqueras, además de una cantidad difícil de estimar de plantas de emergencia que operan fuera del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM). Y tiene razón, porque el efecto del diésel sobre el sistema eléctrico puede ser mucho mayor que la proporción de electricidad que efectivamente se genera con este combustible.
Para entenderlo hay que recordar cómo funciona el MEM. El CENACE determina el despacho de las centrales buscando satisfacer la demanda al menor costo posible sujeto a las restricciones del sistema, mientras que el Precio Marginal Local se forma a partir de tres componentes: energía, congestión y pérdidas. Las ofertas de las centrales térmicas incorporan costos variables como combustible, transporte y operación y mantenimiento.
Las centrales a diésel normalmente están entre las unidades más caras y por eso suelen entrar en las horas de mayor demanda, ante una contingencia o cuando una restricción de transmisión obliga a utilizar generación local. En esos momentos pueden convertirse en la generación marginal y elevar considerablemente el PML del nodo o de la región, aun cuando durante el resto del año produzcan muy poca electricidad.
“Las centrales a diésel normalmente están entre las unidades más caras y por eso suelen entrar en las horas de mayor demanda, ante una contingencia o cuando una restricción de transmisión obliga a utilizar generación local”.
La magnitud del cambio en costos es considerable. El CENACE utiliza para una turbogás aeroderivada a diésel un régimen térmico neto cercano a 10,068 kJ/kWh, equivalente a aproximadamente 1.6 barriles de combustible por MWh generado. Con el diésel alrededor de 200 dólares por barril, solo el combustible representa cerca de 320 dólares por MWh, frente a menos de 50 dólares por MWh para una unidad equivalente operando con gas natural a precios de 4 a 5 dólares por MMBtu.
La diferencia no está en la eficiencia de la central, sino que se concentra en el precio del combustible, por lo que generar con diésel puede costar hoy entre seis y ocho veces más que hacerlo con gas natural, por lo que cuando estas unidades entran al margen, amplifican considerablemente los PML observados en el MEM. Esto resulta especialmente relevante en un momento en que el PML promedio del Mercado del Día en Adelanto pasó de alrededor de 857 pesos por MWh entre el 16 y el 22 de agosto a 1,406 pesos por MWh entre el 6 y el 12 de septiembre.
El problema para el MEM no está solamente en cuánta electricidad se genera con diésel, sino en cuándo y dónde se necesita esa generación. Unos cuantos cientos de MW utilizados durante las horas críticas pueden tener un efecto sobre los precios mucho mayor que su participación anual en la generación, por ejemplo, entre el 6 y el 12 de septiembre, en Cozumel y Riviera Maya se observaron precios superiores a 15 mil pesos por MWh, una región donde las restricciones de transmisión y el déficit de generación han obligado históricamente a recurrir a unidades que utilizan diésel, para mantener la confiabilidad del sistema.
Si el combustible permanece cerca de los niveles actuales y el sistema vuelve a enfrentar picos de demanda, restricciones de transmisión o indisponibilidad de gas natural, el costo de esas unidades puede trasladarse rápidamente a los PML y hacer mucho más caros episodios que hasta ahora eran relativamente acotados ya que en el MEM importa menos cuánto diésel se consume en promedio que cuándo y dónde es necesario usarlo para generar electricidad.
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