En la entrega anterior hablamos de la electricidad más barata del país, pagada por los usuarios agrícolas de las tarifas 9CU y 9N, con precios de 0.76 y 0.38 pesos por kWh, respectivamente. Estos usuarios podrían beneficiarse de programas de eficiencia energética que reduzcan el consumo y, con ello, el costo que representa para las finanzas públicas mantener tarifas tan bajas.
A partir de esa comparación surge una nueva pregunta, ¿quién paga la electricidad más cara de México y por qué? El título corresponde a un grupo particular de usuarios domésticos. No son negocios, industrias ni gobiernos, sino hogares clasificados dentro de la tarifa Doméstica de Alto Consumo, conocida como DAC, que pueden pagar entre 5.606 y 7.113 pesos por kWh.
La diferencia es considerable. Si comparamos el precio más bajo de la tarifa 9N con el más alto de la DAC, el resultado es casi diecinueve veces mayor. Incluso frente a un usuario doméstico que paga 1.128 pesos por kWh, el precio máximo de la DAC supera seis veces ese monto.
Sin embargo, la DAC no funciona como una tarifa progresiva en la que únicamente los últimos kilowatts-hora se cobran a un precio mayor. CFE calcula el promedio móvil del consumo registrado durante los últimos doce meses y, cuando supera el límite correspondiente a la localidad, reclasifica el servicio completo como doméstico de alto consumo. Los límites cambian según la tarifa climática, desde 250 kWh mensuales en la tarifa 1 hasta 2,500 kWh en la 1F.
El aire acondicionado explica buena parte de esta diferencia. En las regiones cálidas del norte, las costas y el sureste, su uso difícilmente puede considerarse un lujo durante los meses de mayor temperatura. Además, con el aumento del calor, esta necesidad se ha extendido a localidades donde antes el enfriamiento residencial tenía una importancia menor.
La lógica de la DAC consiste en retirar el beneficio tarifario a los hogares cuyo consumo supera la cantidad considerada razonable para su zona. El problema es que la tarifa observa cuánto se consumió, pero no distingue con suficiente precisión cómo ni cuándo. Un hogar puede superar el límite por utilizar aire acondicionado durante las horas de mayor demanda, pero también por mantener equipos médicos, realizar trabajo doméstico, cuidar a personas mayores, trabajar desde casa o concentrar a más integrantes durante el día.
“La lógica de la DAC consiste en retirar el beneficio tarifario a los hogares cuyo consumo supera la cantidad considerada razonable para su zona. El problema es que la tarifa observa cuánto se consumió, pero no distingue con suficiente precisión cómo ni cuándo”.
Por ello, la DAC no necesariamente refleja el costo marginal que cada hogar provoca al sistema. A diferencia de algunas tarifas aplicables a grandes usuarios, cuya estructura reconoce la demanda y los periodos horarios, la clasificación doméstica se determina principalmente mediante el consumo promedio, la localidad y la temporada. La tarifa publicada por CFE no identifica si los kilowatts-hora que provocaron la reclasificación se consumieron en un periodo crítico para la red o durante horas de menor demanda.
La señal para reducir el consumo puede ser útil, pero su diseño también puede generar efectos regresivos. Los hogares donde permanece gente durante el día, se realizan tareas de cuidado o viven más personas tienen una mayor probabilidad de consumir electricidad, mientras que una vivienda desocupada durante buena parte de la jornada puede mantenerse debajo del límite aun cuando sus habitantes tengan mayores ingresos.
La reclasificación tampoco desaparece con una reducción aislada del consumo, porque el cálculo depende del promedio móvil de doce meses. Para regresar a la tarifa doméstica correspondiente, el usuario necesita que ese promedio vuelva a colocarse debajo del límite aplicable a su localidad.
Además, el consumo doméstico ha cambiado. La iluminación y la refrigeración pueden ser más eficientes que hace algunas décadas, pero los hogares ahora utilizan módems, computadoras, teléfonos, televisores, equipos de seguridad, lavadoras, secadoras y sistemas de climatización. La discusión debería comenzar por determinar si los límites actuales representan una canasta razonable de necesidades eléctricas o si simplemente conservan umbrales administrativos que ya no permiten distinguir entre consumo suntuario, necesidades climáticas y nuevos usos esenciales.
La DAC puede seguir funcionando como una señal para promover la eficiencia, pero tendría que guardar una relación más clara con el costo causado al sistema. Cobrar más de seis veces el precio doméstico más bajo sin identificar la hora de consumo, la demanda coincidente, las condiciones del hogar o el costo real del suministro se parece más a una penalización administrativa que a una tarifa diseñada con criterios económicos.
La electricidad más cara de México la pagan ciertos hogares que superan una canasta definida por el gobierno. La pregunta pendiente no es únicamente cuánto consumieron, sino si el precio adicional refleja el costo de atenderlos o funciona como un impuesto localizado sobre quienes, por clima, cuidados o condiciones de vivienda, necesitan utilizar más electricidad.
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