La crisis operativa y de mantenimiento en Petróleos Mexicanos (Pemex) no solo afecta sus finanzas, sino su huella ambiental. Durante el primer trimestre de 2026, la petrolera estatal registró un drástico repunte en la emisión de gases de efecto invernadero y contaminantes de alta peligrosidad, impulsado por fallas de infraestructura, accidentes y el arranque de nuevos activos.
De acuerdo con el reporte Forma 6-K, presentado por la institución ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), la huella de carbono de Pemex se aceleró notablemente en comparación con el año anterior.
El repunte de los gases de efecto invernadero
Las emisiones totales de dióxido de carbono equivalente (CO2e) alcanzaron las 20 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 37.3% interanual. Pemex atribuyó este repunte a tres factores principales.
El primero de ellos, según Pemex, fue la entrada en operaciones de la refinería “Olmeca” en Dos Bocas, seguido por las interrupciones operativas en el Complejo de Procesamiento de Gas Nuevo Pemex.
Finalmente, los problemas en las plataformas petroleras de Pemex aceleraron las emisiones y el venteo de metano.
Desperdicio millonario y crisis de mantenimiento: El caso del metano
Uno de los datos con mayor repunte del informe es el desperdicio y quema de gas natural. En el primer trimestre, el venteo de metano se disparó un 79% anual, elevando las emisiones de este gas a 234 millones de toneladas, un alza del 51.2% en comparación con el mismo periodo de 2025.
Esta situación se debió directamente a paros no programados por falta de mantenimiento en el complejo Nuevo Pemex, lo que obligó a quemar el hidrocarburo en las plataformas en lugar de capturarlo.
El metano es un gas de efecto invernadero a corto plazo mucho más potente que el CO2, su capacidad de atrapar calor en la atmósfera es hasta 80 veces mayor en un horizonte de 20 años.
El venteo no solo contamina, sino que representa costo de oportunidad. En lugar de procesar y aprovechar ese gas para la generación eléctrica nacional —reduciendo la dependencia de importaciones de Estados Unidos—, el recurso se destruye literalmente en la atmósfera.
Incidentes
El trimestre también estuvo marcado por la opacidad y los accidentes. En febrero de 2026, Pemex sufrió un desastre mayor en la Sonda de Campeche debido a una fuga en un oleoducto submarino de 36 pulgadas conectado a la plataforma Abkatún.
El evento no se hizo público sino hasta marzo. Tras confirmarse que se ignoraron u omitieron los protocolos de remediación y el reporte oportuno del derrame, la empresa inició investigaciones internas que derivaron en el cese de varios funcionarios y trabajadores responsables.
Óxidos de Azufre: Amenaza directa a la salud pública
Finalmente, las emisiones de óxido de azufre (SOx) sumaron 385 millones de toneladas, un incremento del 14.4% respecto al primer trimestre de 2025. La empresa ligó este resultado a la intermitencia operativa en complejos de procesamiento, reconociendo implícitamente que los esfuerzos por rehabilitar las plantas recuperadoras de azufre en las refinerías aún no dan los frutos esperados.
A diferencia del CO2, que afecta el clima a largo plazo, los óxidos de azufre tienen un impacto inmediato y local. Son los principales precursores de la lluvia ácida y provocan graves enfermedades respiratorias y cardiovasculares en las comunidades aledañas a los complejos industriales.
A pesar de que Pemex reiteró en su informe ante la SEC su compromiso de “continuar rehabilitando estos sistemas para reducir progresivamente dichas emisiones durante el resto de 2026”, los números del primer trimestre demuestran que la transición hacia una operación más limpia es una asignatura pendiente de la petrolera mexicana.
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