Usted lo vio. La calificadora de riesgo de inversión Moody’s ratificó la semana pasada a Petróleos Mexicanos (Pemex) en su ‘B1’ con perspectiva ‘estable’, un hecho que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) celebró al decir que dicha nota se debe a la “continuidad a la mejora anunciada en septiembre de 2025”, en relación con las medidas adoptadas por el gobierno para apoyar financieramente a la petrolera del Estado con recursos públicos y algunos otros provenientes de los mercados de deuda.
En realidad lo que celebró la dependencia a cargo de Édgar Amador Zamora fue que la firma calificadora no hubiese reducido su nota hacia Pemex. Sí, podría haber sucedido.
Sin embargo, desde nuestra humilde perspectiva, no hay nada qué celebrar. La calificación ‘B1’ en la escala de Moody’s indica que Pemex no tiene las características deseables para invertir en ella, al tener una calidad crediticia pobre y representar un alto riesgo. Esto, de acuerdo con analistas, resulta un sinsentido dado que la empresa estatal está fuertemente apalancada con los recursos del país, algo en lo que igualmente insisten las firmas calificadoras.
Y es que Pemex se encuentra incluso lejos de la nota ‘Ba’, la más alta en el grado especulativo, pero el soberano –ese que soporta las finanzas de la petrolera– tampoco puede presumir mucho. Moody’s bajó su nota de ‘Baa2’ a ‘Baa3’, entre otras razones, justo porque Pemex es una fuerte carga para las finanzas públicas. Vaya, qué lío.
CFE sin medidores bidireccionales
Dicen que los trámites para obtener permisos de autoconsumo salen más rápido que poder firmar un contrato con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para conectar un sistema solar en la modalidad de generación distribuida.
La razón, según nos cuentan, es que la empresa estatal que dirige Emilia Calleja Alor simplemente no tiene medidores bidireccionales, lo que ha imposibilitado que varios megawatts en esta modalidad entren en operación.
Como usted sabe, los sistemas de generación eléctrica mediante paneles fotovoltaicos en el servicio básico, con capacidad menor a los 0.7 megawatts, y en general aquellos que están interconectados a la red eléctrica, deben contar con un medidor bidireccional para contabilizar tanto la energía que se consume de ésta, como la que se le inyecta.
Pero, al parecer, usuarios domésticos y pequeños comercios no han podido firmar su contrato con CFE Distribución porque no hay en almacenes los mencionados medidores.
Hasta donde sabemos, en el mercado no hay desabasto, así que sería conveniente que alguien saliera a explicar qué sucede, pero sobre todo, que se aplique con la adquisición de estos aparatos. Es sugerencia.
México y la Unión Europea
Dicen que nada es para siempre y eso aplica a los acuerdos comerciales internacionales. En un contexto global de reconfiguración geopolítica y económica, en la que la relación de México con Estados Unidos como su principal socio está en una etapa complicada –usted lo sabe, principalmente por las políticas del presidente Donald Trump–, refresca el panorama la modernización de los lazos con la Unión Europea.
Mientras el mandatario estadounidense sigue jugando desde el año pasado a subir y bajar aranceles a diestra y siniestra, México acordó con la comunidad europea la reducción en más de 90 por ciento en estas tarifas, un paso hacia la ampliación y fortalecimiento del comercio entre ambas partes.
Asimismo, México busca atraer más inversiones en sectores estratégicos, como minerales críticos y energía, además de la agroindustria, la farmacéutica y servicios digitales, con un total estimado de 5 mil millones de euros. Nada despreciables.
La modernización de este acuerdo, liderada por la Secretaría de Economía de Marcelo Ebrard Casaubón, se da en el contexto de la revisión del TMEC en la que persisten puntos sensibles como las reglas de origen en el sector automotriz, las inversiones e insumos chinos, las controversias agrícolas y, la piedra en el zapato: la política energética de México.
¿Conviene a México una por otra? Por supuesto que no. La relación con Estados Unidos y Canadá debe continuar por razones no solo de logística para las cadenas de suministro, sino de estrategia global, pero fortalecer algunos lazos con otras regiones, como la eurozona, definitivamente abona a la presencia mundial del país y para la atracción de inversiones y tecnologías, así como para la ampliación de mercados.
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