La Casa Blanca volvió a encender los reflectores sobre la relación comercial entre México y Washington. Mediante la publicación del informe titulado “La gran estafa del transbordo”, la administración estadounidense colocó a México bajo la lupa entre más de cuatro decenas de países y bloques comerciales, señalando el riesgo de que mercancías provenientes de China utilicen terceros mercados para eludir los aranceles de Estados Unidos.
La mayor inquietud en Washington radica en el acceso preferencial que otorga el T-MEC, argumentando que diversos productos asiáticos podrían ingresar a México para sufrir modificaciones mínimas o cambiar indebidamente su certificado de origen antes de cruzar la frontera norte.
Sin embargo, confundir la relocalización productiva con la triangulación ilegal pasa por alto la dinámica real del comercio transfronterizo. Un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad desmonta la idea de una “puerta trasera” masiva en el país.
Al revisar los flujos comerciales agregados entre 2024 y 2025, se observa que mientras las importaciones estadounidenses desde China cayeron en 131.7 mil millones de dólares, las ventas de México a Estados Unidos crecieron en 31.2 mil millones.
En ese mismo periodo, las compras mexicanas a China aumentaron únicamente 3.8 mil millones de dólares, una proporción que invalida la hipótesis de un reemplazo directo y sistemático de rutas.
El comportamiento sectorial profundiza esta divergencia, especialmente en el rubro de maquinaria y equipo de cómputo, el principal motor exportador de la economía mexicana.
Durante el periodo analizado, las exportaciones mexicanas de este sector hacia Estados Unidos se dispararon un 43%, equivalente a 45 mil millones de dólares adicionales. En contraste, las importaciones mexicanas de ese mismo tipo de bienes procedentes de China solo avanzaron un 5%, lo que representa apenas 1.3 mil millones de dólares.
La relación de 35 dólares exportados a la potencia del norte por cada dólar adicional importado del gigante asiático demuestra que la expansión mexicana responde a un incremento real en la capacidad productiva y de generación de valor en el país.
A pesar de que la evidencia estadística descarta una práctica generalizada, los especialistas del IMCO advierten que no se deben desestimar riesgos puntuales en productos específicos donde sí coinciden los incrementos de compra a China con mayores envíos a Estados Unidos.
La clave hacia la próxima revisión del acuerdo regional no residirá en alimentar señalamientos políticos, sino en fortalecer los mecanismos de trazabilidad e inspección que permitan separar los casos aislados de evasión de la integración industrial legítima que consolida a Norteamérica.
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