Como decíamos en la entrega anterior, el impulso al hidrógeno es una de las formas que usa la Unión Europea para descarbonizar su sector energético e industria. El hidrógeno no es el objetivo, sino una de las formas.
Pero para lograr que este vector energético sea usado de la forma masiva, es necesario modificar regulaciones, una de ellas obliga al principal objetivo: mitigar emisiones de gases de efecto invernadero.
Entre 2023 y 2025 se han revisado regulaciones en materia de infraestructura para combustibles alternativos; en materia de combustibles marítimos y para aviación, y directivas y regulaciones en materia de gas e hidrógeno, entre otros.
Pero también recordemos que la Unión Europea no es un solo Estado, sino un conjunto en el que cada uno debe ir modificando sus legislaciones locales para impulsar el desarrollo del mercado de hidrógeno. Hay paises como Dinamarca e Irlanda que han realizado las adecuaciones regulatorias, mientras que algunos otros, como Francia o Suecia, prácticamente no han avanzado en estos cambios o lo hacen de manera más lenta.
“La Unión Europea no es un solo Estado, sino un conjunto en el que cada uno debe ir modificando sus legislaciones locales para impulsar el desarrollo del mercado de hidrógeno”.
Estas directivas van impulsando la demanda creciente de hidrógeno, promueven la instalación de nuevos proyectos o exigen la disminución de emisiones en los subsectores, lo que obliga a usarlo.
El objetivo es el desarrollo de unos 265 proyectos de hidrógeno en tres etapas, empezando por 65 en la primera y 100 en la segunda, considerando electrolizadores, terminales, ductos y sitios de almacenamiento, entre muchos más.
Una de las prácticas que siguen quienes desarrollan el mercado es facilitar los procesos de adaptación tecnológica. Por ejemplo, en Amberes las empresas empiezan por mezclar el hidrógeno con diésel para ir incrementando poco a poco la penetración del hidrógeno, con lo que se obtendrán cada vez menos emisiones de gases de efecto invernadero.
Conforme vaya aumentando la concentración de hidrógeno, se irán haciendo modificaciones a los tráilers, que por ahora solo cargan con los tanques de hidrógeno de pocos kilogramos de capacidad más un pequeño inyector para el motor, además del tanque de diésel instalado de fábrica.
Pero la clave es inducir el mercado, generar la demanda y las obligaciones de reducir emisiones. Si el asunto es solo económico, podríamos dar por cancelada la transición energética. Pero si se va induciendo el consumo, se terminará por generar economías de escala que hagan rentable la tecnología, como sucedió con la fotovoltaica.
Una pregunta necesaria es: ¿hay alguna zona en México donde se pueda producir hidrógeno aprovechando condiciones como las de los precios negativos en Amberes?
A pesar del bajo nivel de penetración de renovables, hay zonas que han llegado a precios negativos. El mejor ejemplo es Sonora, donde el exceso de capacidad de generación solar, de la mano de la falta de transmisión, genera precios negativos, situación que empeorará con el desarrollo de la central fotovoltaica de Puerto Peñasco. Pero entonces se puede aprovechar esa anormalidad para proucir hidrógeno a costos muy bajos, incluso precios negativos de electricidad.
El propio gobierno mexicano anunció un proyecto para producir hidrógeno verde en el subsistema Mulegé, en Baja California Sur, que podría convertirse en un gran sistema cero emisiones. Esto dará veradera soberanía energética a ese sistema, además de seguridad. Y hablando de seguridad energética, tocaremos ese tema respecto a Europa la semana siguiente.
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