En México es complicado hablar de soberanía energética, pues este concepto se ha convertido, de facto, en una máscara para impulsar o apoyar monopolios petroleros y eléctricos. Sin embargo, el término bien usado está vinculado a seguridad energética, y eso es lo que construye la Unión Europea.
En Europa, la transición y la soberanía energéticas van de la mano. Podrá decirse que es por la falta de hidrocarburos y la prohibición de prácticas como el fracking, pero es una realidad la consolidación de ambos objetivos que avanzan a la par.
“En Europa, la transición y la soberanía energéticas van de la mano”.
Igualmente hay factores geopolíticos que fuerzan ambas transiciones en esa región: la invasión de Rusia a Ucrania derivó en la prohibición de importar hidrocarburos rusos, o el conflicto Estados Unidos-Irán llevó a los europeos a buscar disminuir la dependencia del gas natural licuado que pasa por el Estrecho de Ormuz. Entonces, hay que encontrar formas que den seguridad energética a la Unión. Pero, ¿qué medidas se han tomado? Hay varias.
Primero, promover la generación de energía local. Hay un fuerte impulso al uso de fuentes renovables, como la solar y la eólica, además de la producción de hidrógeno verde a partir de estas renovables; la nuclear, el uso de geotermia y, en general, las fuentes que se puedan utilizar con recursos locales. Así, las fósiles pasarán del 70 % en 2019 a 37 % en 2040 y serán marginales en 2050. Tan solo el consumo de gas ha disminuido 18 % de 2021 (408 mmpcd) a 2025 (337 mmpcd), según cifras de la Unión Europea.
Respecto a los recursos que haya que importar, como el gas natural, Europa busca diversificar el origen. Como ejemplo, han optado por comprar gas norteamericano, pero también de Vaca Muerta, yacimiento argentino, donde Eni es el principal comprador.
Por el lado del petróleo crudo, la importación de América y Africa pasó de 42 % en 2020 a 58 % en 2025, mientras que la de Rusia pasó de 52 % a 36 % en el mismo periodo. Aquí resulta importante América Latina que casi ha triplicado en 5 años sus ventas de este energético a Europa.
Segundo, generar mayores interconexiones entre los sistemas eléctricos de los países de la Unión. Una red más enmallada impulsa el mercado interno y permite más estabilidad en los sistemas eléctricos ante fallas en las centrales o la variabilidad de algún recurso, algo natural en las renovables. También permite intercambiar recursos y aprovechar más los que abundan de forma regional. Además, cumplir con la meta de 70 % en renovables requerirá enmallar con eficiencia los sistemas europeos.
Algo importante es que estas medidas también incentivan los mercados energéticos locales, a la vez que impulsan la eficiencia y la innovación, de manera que con ello se va construyendo un sistema energético moderno.
La transición y la soberanía ven al futuro. Mientras tanto, en México llaman soberanía a que una empresa del Estado instale centrales eléctricas, aunque vayan a trabajar con gas natural importado.
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