Convertir electricidad en un combustible para volver a producir electricidad
En ingeniería existe una mala costumbre: hacer preguntas tan objetivas como incómodas, pero necesarias. Cuando alguien anuncia una planta de hidrógeno verde, no preguntamos primero si es innovadora; preguntamos cuánta energía consume, cuánta recupera y cuánto cuesta cada megawatt-hora que finalmente llega a la red.
Curiosamente, esas son precisamente las preguntas que todavía no encuentran respuesta en la información pública disponible sobre el proyecto Oasis.
La Comisión Federal de Electricidad anunció para el Sistema Aislado Mulegé, en Baja California Sur, un proyecto integrado por una central fotovoltaica, un sistema de almacenamiento mediante baterías, electrolizadores para producir hidrógeno verde y celdas de combustible para volver a generar electricidad.
A primera vista, la combinación resulta atractiva. Reúne prácticamente todas las tecnologías que hoy suelen asociarse con la transición energética. Sin embargo, para comprender realmente el proyecto conviene dejar por un momento los comunicados y seguir el recorrido de la energía.
Quienes hemos dedicado buena parte de nuestra vida profesional al sistema eléctrico solemos analizar estos proyectos de una manera distinta. Antes de discutir discursos, seguimos el recorrido de la energía.
Seguir el recorrido de la energía
Ese recorrido comienza en los paneles solares. La electricidad producida tendrá varios destinos: abastecer la demanda de Mulegé, almacenarse en baterías o alimentar los electrolizadores, equipos que separan el hidrógeno contenido en el agua y convierten esa electricidad en energía química.
Hasta aquí la electricidad deja de ser electricidad. Ahora es hidrógeno.
Posteriormente ese hidrógeno se almacenará y, cuando sea necesario, alimentará celdas de combustible que volverán a transformarlo en electricidad. Como esa generación ocurre en corriente continua, será necesaria una nueva conversión mediante electrónica de potencia antes de poder inyectarla nuevamente a la red.
Dicho de otra manera, el proyecto propone convertir electricidad en un combustible para después volver a convertir ese combustible en electricidad.
No hay nada incorrecto en ello; esa es precisamente la esencia del almacenamiento mediante hidrógeno. Lo que sí conviene recordar es que cada una de esas transformaciones tiene un costo energético. En ingeniería no existen conversiones perfectas; toda transformación implica pérdidas y limitaciones técnicas.
Las preguntas que realmente importan
Es aquí donde surgen las preguntas de fondo. ¿Cuál es el papel específico de las baterías frente al hidrógeno? ¿Qué necesidad operativa resolverá el hidrógeno que no pueda atender un sistema de almacenamiento con baterías? ¿Cómo será el balance energético completo una vez que la energía haya recorrido todo ese camino?
Las publicaciones consultadas permiten conocer la arquitectura general del proyecto, pero todavía no la ingeniería de detalle. Y eso es perfectamente normal en esta etapa. Precisamente por ello, hoy resulta más importante formular las preguntas correctas que apresurarse a emitir conclusiones.
De La Venta I a Oasis
Hace más de tres décadas, México inició su experiencia con la energía eólica mediante el proyecto La Venta I. Nadie confundió aquel desarrollo con la panacea que transformaría el sistema eléctrico nacional. Era exactamente lo que debía ser: un proyecto para aprender, evaluar y acumular experiencia.
Toda tecnología comienza con un piloto. El error consiste en presentarlo como si ya representara una solución de escala definitiva. Eso no disminuye el valor del proyecto; al contrario, los proyectos demostrativos son indispensables para validar tecnologías en condiciones reales antes de decidir si merecen replicarse.
La física tiene la última palabra
La innovación merece entusiasmo, pero la ingeniería exige comprensión. La CFE tiene ahora la oportunidad de demostrar, con resultados medibles y no solo con expectativas, cuál será la verdadera aportación de Oasis al sistema eléctrico de Mulegé.
“La CFE tiene ahora la oportunidad de demostrar, con resultados medibles y no solo con expectativas, cuál será la verdadera aportación de Oasis al sistema eléctrico de Mulegé”.
Porque, al final, el éxito del proyecto no se medirá por la cantidad de hidrógeno producido, sino por la energía eléctrica útil que logre entregar al sistema con confiabilidad, eficiencia y un costo técnicamente justificable.
La física sigue siendo el árbitro más objetivo de cualquier política energética. Y la física, como siempre, no entiende de discursos; únicamente entiende de balances de energía.
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