La Administración de las Carencias
Puños y gasolineras cerradas No sé ustedes, pero la que escribe es de aquéllas que rezan poco pero sí cuando la rayita de la reserva de la gasolina casi ha tocado fondo. Es en esos momentos que una se arrastra hacia la gasolinera como a un oasis en la infinitud desértica. Hay adictos a la adrenalina de cuánto se puede viajar con el tanque al límite, más aún cuando hay un hormiguero atorado en las arterias principales de la CDMX. Azaroso será el destino de quien, por osadía o negligencia, se quede parado en hora pico por conducir sin gasolina. En México hay varios incentivos para rifarse un linchamiento por quedarse varado en un embotellamiento. En primer lugar, hay pocas gasolineras per cápita. En nuestro país, hay tan solo una (¡una!) gasolinera por cada 10,000 habitantes. La gran ironía es que donde más automóviles se mueven es donde hay menos estaciones de servicio. En la Capital, por aproximadamente 20,000 cabezas hay una gasolinera. Si a la escasez de estas añadimos la cultura citadina de la prisa y la demora, la tentación de pasar de largo la gasolinera –aun con octavos menguantes en el tanque— es irresistible. La resistencia a cargar ...
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