Disculpe usted si el titulo le parece extraño, pero busca explicar lo que sucede en el Sistema Eléctrico Nacional. Empiezo por comentarle que los sistemas eléctricos de potencia, como el Sistema Eléctrico Nacional mexicano, se diseñan para que mantengan operación adecuada, incluso si alguno de sus componentes falla. A eso se refiere el término N-1.
Para explicarme: si alguien vandaliza una línea de transmisión, si falla una central de generación, si algún gran usuario de energía hace un cambio abrupto en su consumo, el sistema eléctrico debería estar configurado para mantener su estabilidad.
Entonces usted preguntará: si el sistema eléctrico está diseñado para eso, ¿por qué tenemos tanto apagón o “interrupciones en el suministro eléctrico”?
La realidad es que se trata de un problema de insuficiencia de infraestructura, consecuencia de decisiones tomadas en la administración federal anterior. Pero no en todos lados es igual y quisiera poner como ejemplo dos casos.
“La realidad es que se trata de un problema de insuficiencia de infraestructura, consecuencia de decisiones tomadas en la administración federal anterior”.
Caso 1, zonas peninsulares que incluyen Baja California, Baja California Sur y Yucatán-Quintana Roo. Aquí hay dos problemas fuertes. El consumo de energía ha crecido muy rápido y no se genera la suficiente en la región; pero además no se han hecho las inversiones necesarias para distribuir la energía de forma eficiente.
O sea, no solo hay más consumidores de energía, sino que los que ya están consumen más. Mientras la demanda crecía, el gobierno pasado no invirtió ni dejó invertir en nuevas plantas en la Península. Incrementaron un “desbalance” (Nahle dixit). Entonces no hay centrales ni líneas suficientes para llevar la energía, pero tampoco para distribuirla.
Esto se traduce en dos tipos de apagones: los cotidianos en las colonias de Mérida son por rezago en las redes eléctricas; los grandotes, por falta de energía en algún momento del año: cuando una central deja de generar o no genera suficiente o alguna línea de transmisión sale de operación.
En el caso de Yucatán hay líneas de transmisión que llevan la energía faltante, pero el caso de Baja California Sur es más delicado, pues no hay conexión con nada, sino que es una isla eléctrica. Cuando se genera menos de lo que se consume, se tiene que desconectar usuarios. Y ahí se ha vuelto ya una costumbre.
En ambos casos, en el sexenio anterior se inició la construcción de centrales eléctricas en sitio para generar la energía que hace falta, pero las obras se planearon mal, no hay el combustible necesario y el resultado es que no hay energía suficiente para generar lo que demandan los sistemas.
Caso 2, Nuevo León. Hay otras regiones del país donde el problema no es la falta de energía, sino la falta de inversión en distribución, y es el caso de la zona metropolitana de Monterrey. Este estado se encuentra en la región Noreste del Sistema Eléctrico Nacional y esa zona es superavitaria de energía. Tan es así que el 70 % de la energía que se genera en Noreste se manda a otras regiones. El problema en la entidad es el incremento del consumo de los usuarios y la falta de modernización de los equipos de distribución. O sea, hay energía, pero no hay forma de entregarla a los usuarios, y cualquier problema en las redes significa microapagones.
Los problemas de las Penínsulas, al menos los de falta de energía, podría resolverse antes por las centrales gestionadas en este gobierno que por las del anterior, pues el problema heredado no se ha resuelto y ni CFE se atreve a decir cuándo va a llegar el gas a Valladolid, que es la central más grande de la región y que falta por entrar en operación. Por lo que, aunque haya centrales, estas no pueden operar.
El resto de los problemas alrededor del país requieren de una inversión fuerte desde en distribución, que además será cada vez más necesaria si consideramos la entrada de autos eléctricos y el uso cada vez más común de aire acondicionado, que es un gran consumidor de energía.
El problema ahora es que la falta de inversión pública y privada, esta última por decisión ideológica en el sexenio pasado, tiene al sistema operando no en N-1, sino en N-½N.
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