Si bien el centro de la transición europea busca electrificar los procesos productivos, hay actividades que, al menos ahora, son muy complicadas para electrificar, tecnológicamente hablando.
Los hidrocarburos son compuestos con una densidad energética muy alta. En otras palabras, la energía liberada por su combustión permite que se libere mucha energía con relativamente poca materia consumida. Sustituir esa densidad energética no siempre es sencillo y hay sectores, como la aviación, donde la sustitución se ve aún lejana.
Tal vez llegue el momento en que los vuelos en aviones que usen hidrógeno o motores eléctricos sean viables, pero por ahora no es fácil sustituir la turbosina. No obstante hay formas para reducir las emisiones que causa su producción y así evitar la necesidad de cambios tecnológicos en los aviones sin tanto costo para la industria aeronáutica.
La turbosina se puede sustituir por combustibles que, aun con una composición similar a los de origen fósil (cadenas carbonadas largas), tienen un proceso de producción con menos emisiones de CO2. Eso justamente son los SAF, o Sustainable Aviation Fuels, que la Unión Europea impulsa como parte de su transición energética.
De nuevo, se trata de hidrocarburos pero de origen vegetal que en muchos casos son reúso de aceites que pasan por un proceso de preparación para su aplicación en aviación comercial.
El solo hecho de usar SAF y no derivados del petróleo puede evitar el 60 % de las emisiones del combustible convencional, considerando todo el proceso de producción de cada uno de los dos. Pero Europa no solo busca usar SAF, sino también algunos combustibles sintéticos o e-fuels.
“El solo hecho de usar SAF y no derivados del petróleo puede evitar el 60 % de las emisiones del combustible convencional, considerando todo el proceso de producción de cada uno de los dos”.
El proceso inició en 2025 y desde entonces se debe usar al menos un 2 % de SAF en la mezcla de combustibles que usan los aviones. La meta se logrará en 2050 cuando 70 % del combustible deberá ser SAF y el resto e-fuels.
La implementación de esta política es un reto de largo alcance. Ya se han desarrollado estudios preliminares en 15 países en África y el Caribe. Ahora que se conoce el potencial, se deben construir capacidades para la producción, el procesamiento, transporte hacia Europa, distribución del propio SAF a los sitios de suministro y, de esa forma, garantizar la suficiencia en cada uno de los sitios para bajar en conjunto la huella de carbono del sector.
La construcción de capacidades significa además incentivar y provocar desarrollo económico en los países aliados que quieran producir y exportar el SAF mediante financiamiento y desarrollo técnico.
Europa pretende usar unos 2.9 mil millones de euros en los siguientes años solo para fomentar la producción de estos combustibles más limpios. Ahí es donde los países aliados podrían ver beneficios.
Todo esto, mientras se van desarrollando modelos más limpios en la aviación.
Nota: En México algunas aerolíneas ya usan algunos combustibles parecidos al SAF. Las que quieran llegar a Europa deberán ir cumpliendo con la misma exigencia, que ahora es solo del 2 por ciento.
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