Se ha repetido ad nauseam en este espacio y muchos otros el desastre que la administración anterior dejó en el Sistema Eléctrico Nacional y que el actual gobierno usa todo tipo de herramientas para intentar revertir. El problema es que la planeación eléctrica es de largo plazo y las acciones y omisiones de hoy surten efectos en no menos de tres años. Las soluciones masivas se esperan por ahí de 2028.
Pero ante la desesperación por atender la Península de Yucatán, tal vez la más afectada por las omisiones e incapacidad del sexenio pasado, el CENACE activó uno de los mecanismos muy experimentados en Baja California: los protocolos correctivos de emergencia, ahora bajo otro nombre.
El resultado es exitoso, aunque no acaba con el déficit energético veraniego: van a instalar un barco con generadores a gas y vapor en Quintana Roo, que entregará 250 MW de capacidad de generación al sistema Peninsular.
Hasta aquí todo bien, el problema es el gas. El barco deberá traer el gas natural licuado para poder operar. Eso significa, de salida, un costo alto. Tal vez la idea es que no hay energía más cara que la que no se tiene. Pero recordemos que los operativos correctivos están diseñados para satisfacer temporalmente la demanda de energía, evitando trámites largos de interconexión, y además fuera de los costos de Mercado Eléctrico en su momento.
¿Por qué es caro? Porque el gas que usen, desde donde venga, tiene un precio que engloba el costo de referencia (de donde se sacó el gas), el costo de transporte a la planta de licuefacción, la propia licuefacción, el transporte por barco, el almacenamiento y finamente la regasificación. Además, hay que tomar en cuenta la competencia en el precio de este gas, que puede irse a Europa o Asia. Este energético, como cualquier otro commodity en el mundo, tiende a suministrarse al mejor precio de compra. Ahora Yucatán tendrá que pelear por gas contra el precio del GNL en otros continentes.
“Ahora Yucatán tendrá que pelear por gas contra el precio del GNL en otros continentes”.
El gas natural licuado tiene precios por arriba de los 10 UDS/MMBtu, pero la semana pasada, por ejemplo, se ubicó por arriba de 20 USD en algunas partes del mundo. Para referencia, el Henry Hub (HH) puede tener precios de 1-3 USD/MMbtu. Ese es el gas que se consume en el centro del país, con un incremento relativamente menor por el costo de transporte.
Pero es una medida emergente.
Si la buena es la contratación del barco y la mala el precio que tendrá la energía que entregue, la peor es que en el largo plazo el precio de la energía en la Península, al menos la generada por gas natural, si bien será más baja que la generada por el barco, no pinta para ser energía de bajo costo. Me explico.
Para llevar el gas a la Península el gobierno optó por acordar la construcción de un ducto marino, uno en el pantano, y otro desde el pantano hasta Merida. El primero ya se construyó y lo pagamos, aunque no lo usaremos plenamente por al menos un par de años; el segundo no sabemos casi nada de él, incluso las presentaciones de la mañanera no aportan información; el tercero está en construcción y es paralelo a uno que ya existe.
El caso es que los ductos no son gratuitos y habrá que pagar el cargo por transporte del gas, y ese cargo se debe agregar en alguna parte de los costos.
Según especialistas en transporte de gas consultados por quien esto escribe, el costo real del transporte por estos ductos sumará unos 7 USD por cada millón de BTU, a lo que debemos sumar el costo de referencia de la molécula (HH). Si HH está en 4 USD, el precio final de ese gas estaría por ahí de 11 USD/MMBtu.
En otras palabras, las decisiones tomadas en el sexenio pasado no solo generaron una crisis energética que los habitantes de la Península padecen día con día mediante apagones, sino que cargarán en el largo plazo con costos de energía altos.
Tal vez la buena noticia es que este gobierno está acelerando las cosas. Los permisos de atención prioritaria y los contratos mixtos agregarían una capacidad importante de generación y, si no se resuelve el tema del ducto doblemente empantanado, los proyectos de renovables podrían aportar energía adicional al sistema de forma plena antes que los ciclos combinados construidas sin planeación por Bartlett. Claro, si no se resuelve el ducto empantanado (según la información disponible, hoy en día no se ha firmado contrato con desarrollador alguno), Bartlett y su equipo nos habrán dejado con un detallito en el ducto marino inservible de 4,500 millones de dólares.
Y esta historia, además, tiraría la hipótesis de que solo el gas aporta seguridad al sistema.
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